Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VII Número LXXXIV Especial de terror VII
Dos sueños
Hace algunos años, siendo joven aún, descubrí varias veces su presencia en mi habitación… después dejó de visitarme… pero regresó en cuanto entré en la tercera edad… ya no la recordaba y primero creí que todo era producto de mi imaginación, de mi vista cansada y del insomnio que aguijonea todas mis noches con su terco afán de querer resolver, en medio de la oscuridad y del silencio, esas preguntas filosóficas que dan vueltas en mi cabeza al caer el día…
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Cuatro relatos


Creo que me había tomado tres o cuatro cervezas, no recuerdo bien. Al conducir, me sentía aturdido. Bajé la velocidad. La brisa no me dejaba ver con claridad. Las calles se encontraban vacías. Empezó a llover. Miré el semáforo en amarillo y entonces aplasté el acelerador para que no se me pusiera la luz roja. Un payaso apareció enfrente de mi vehículo. Creo que hacía malabares con unas pelotitas amarillas.
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Muerte de un budista

No puede ser. No puede ser. No puede ser. Yo soy budista, no creo en eso. Buda, protégeme. ¿Qué karma estoy pagando? El pulso cardíaco aumenta. No cantaré ni trataré de pensar en otra cosa, sólo seguiré caminando los 300 metros que me faltan para llegar. Siento el nervio que baja por mi estómago.
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Carretera


La carretera lo arrullaba y apenas eran las doce en punto marcando en el reloj que tenía la radio. Joseph, cansado, apenas con determinación cambiaba de estación para dejar de oír el sonido de la estática cuando perdía señal. Entre las estaciones con estática encontró una de las que dejan correr comerciales y una que otra canción. El chico se quedó sintonizado esperando que algunas voces de los comerciales le hicieran compañía en el largo viaje a su casa.
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Tres de humor macabro

De acuerdo a una vieja leyenda, no muy divulgada, Brunilda no murió en el crepúsculo wagneriano de los dioses, sino que se convirtió en vampiro (lo cuenta el dramaturgo alemán Friedrich Hebbel en su trilogía teatral de los Nibelungos). Era mucha su hambre de sangre, pero no podía beber de cualquiera, sino sólo aquella procedente de los guerreros y de las guerreras.
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Celeno, la Obscura


“No hay monstruo más aciago que ellas, ni peste alguna más cruel, o castigo de los dioses nació de las aguas estigias.
Rostros de doncella en cuerpos de ave, nauseabundo el excremento de su vientre, manos que se hacen garras y rasgos siempre pálidos de hambre.”
Virgilio. La Eneida.
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La tumba del conde de Baldor


Esto que cuento aconteció en el siglo XIX, y aunque la fecha no es bien sabida, se deduce que fue entre 1844 (cuando el arquitecto Manuel Gómez Ibarra terminó de construir el cementerio proyectado por Fray Antonio alcalde en 1786) y 1896 cuando el camposanto cerró sus puertas a nuevas inhumaciones.
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La pelota


La pelota voló en curva y entró por una de las ventanas del segundo piso. Apenas dio el puntapié, al pobre niño le comenzaron a llover insultos y abucheos. La ventanita por la que el esférico se coló limpiamente no medía más de un metro y hacía tiempo que le habían quebrado los vidrios.
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Carretera


Los budistas creen en la reencarnación, le llaman la rueda del Samsara, un ciclo de vida, muerte y encarnación, que estamos destinados a repetir hasta alcanzar la unión con Dios.
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Editorial

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