Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número I Octubre de 2012
 

 

ARIVLE IV
Alfredo Alejandro Parra

Te perdí.
Cuando devorabas espectros citadinos.
En la insensatez del cobarde que dice amar
en cualquier altar de herejías y misas negras.
La noche encajaba, Arivle,
cuando el oráculo nos predijo la desdicha
y tú sonreíste mostrando los colmillos al fracaso
mientras el negro de tus ojos abrían los abismos.
Tus labios tumefactos y aternurados dijeron: "Sí"
sin que yo sospechara la daga del desengaño
que blandías para cortar la cabeza a mi corazón.
Pequeña bestezuela de adolescencia agónica
nunca te tuve porque nunca estuviste,
quizá sólo un lamento de moribundo en madrugada,
quizá una luz mortecina en una carretera solitaria,
quizá sólo un fútil reflejo y por lo mismo inatrapable.
Arivle, ¿Alguna vez me amaste?
¿Te abandonaste a mis locuras trágicas
y chirriaste tus uñas sobre ellas para sentir su temblor
cuando despacio succionabas mi alma?
Sé que un día te deshielé la piel para sembrar espinas,
espinas nuevas que lloraban veneno para mí.
Lo supe cada vez que tus labios las clavaban
de a poco y una a una
en cada cicatriz que había coleccionado.
No. Imposible retroceder el tiempo.
Hoy tengo los sueños cancerados
la lepra del desencanto me tira a pedazos
y descarna, impía, esa alma que te amó.
Te añoraré siempre, Arivle,
te buscaré
en los ojos de las gorgonas de la avenida Juárez,
en la piel rugosa y fría de las panteras de julio,
en los jadeos de los gatos agónicos de hembra
y este amor pervivirá
maldito
entre las calaveras del verano y el mes de abril,
cuando las amapolas florecen
y los poetas se vuelven cocodrilos al amanecer...

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