Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número I Octubre de 2012
 

 

LA MEJOR HORA
Adán Echeverría

Dios es testigo del miedo de mi carne
de la terrible descendencia que he dejado junto al río
ahí queda encallado el navío de mis evoluciones
la estrella de mis días ciegos
la luz de mi martirio
y para las lágrimas: alcohol del 96 y aceitunas
siempre las aceitunas colgadas de los pechos
de esas muñequitas descabezadas que habitan mis noches
de esas cadavéricas niñas que me dejó el tranvía
desolado
acá la noche y ahí la garra
ellas y sus festivales imprósperos y reconvenientes
así la luz
así los niños en la playa
así la barca los navíos
así la lucha eterna
de pie recargado en la escalera
fumo y espero al ángel
a ver si se atreve a desafiarme
porque no he de cambiar mi nombre
si esta madrugada pretendo asesinarlo

Esta es la hora en que no llega mi conciencia a despertarme
la hora de la cárcel y los juegos de mesa
la hora quieta
como quieto es el mar de mi temperamento
profundo océano amarillo
alas enrojecidas de cansancio
dios es el testigo
de este levantamiento de las rosas
de este levantarse en las mañanas para ir a la oficina
y que todo
que todo sea igual de calvo
sin ataduras
sin nervaduras azulosas
en que habríamos de llorar
¿para qué?

Regresar