Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número I Noviembre de 2012
 

 

INSOLENTE
José Antonio Mojica

Has llenado mi casa con tus caderas y extraños presentimientos acerca del helado de yogurt y el color morado. Aunque te desagrade mi cara, mires ladrones donde no hay y te dé por orinar como una maldita desesperada, has hecho de mis mañanas una materia más blanda.

Miro a mis padres y me parecen menos siniestros y hasta tengo ya un lugar para los tontos días. A mis reclamos eres una sorda, te burlas y lames las sobras de mi cuerpo: cualquier argumento se deshace en tu saliva.

Te he visto feliz y desnuda bailando sobre la cabeza de un elefante, saltar a una cama de víboras y calificar pruebas de adolescentes. No es necesario explicar el porqué de tu vocación animal.

A la mitad del labio izquierdo de tu sexo hay un lunar, de ahí he bebido la sangre de tu menstruación con el fervor de un santo que comulga con Dios.

Y sin embargo esta sed de lejanía, ese sucio sentimiento de permanecer hermético. Miro las piedras como espejos y detrás de tus ojos se quiebra un aullido. Somos pasajeros de una noche en que la culpa como la caída es permanente y ridícula. Una luz quebrantada exalta la pupila y tu paladar pastoso sólo habla de escombros.

La línea de tu veneno ha marcado la distancia. No tenemos nada en común y las personas que te conocen solo se quejan de ti.

Porque no quiero verte más, he cambiado la cerradura. Sólo tu cabello penetra en mi sueño como un oleaje de cerveza.
Forjo un cigarro y me arranco la lengua.

Regresar