Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número I Noviembre de 2012
 

 

SE TRATA DE LA MUERTE
José Luis Barrera.
Tinta Rápida

“…la muerte que es celosa y es
mujer, se encapricho con él,
y lo llevo a vivir siempre con ella.”
Fito Páez

Se trata de meterle mano a la muerte, sodomizarla, honrarla como quien rinde homenaje a las putas. Hacerla de la familia a sangre y semen. A fin de cuentas ya conoce a mi estirpe; no en vano se ha llevado a tantos y ha de llevarme a mí ¿Por qué no he de manosearla en la cama, si ella misma lo hará conmigo en el sepulcro? ¿Acaso no se ha percatado de mis flirteos? ¿Acaso no es la mujer más permanente en mi vida?

En la víspera de mi existencia esta la muerte, serena y paciente. La que nunca acosa a nadie, porque sabe que en algún momento ha de ser la mujer más codiciada. Sabe que tarde o temprano alguien la va a desear. Hombre o mujer, qué más da, cualquiera ha de ansiar sus brazos. No con la bisexual tan de moda, sino con la generosidad que la desborda. Se brinda a cualquiera, como la magnífica puta que ha sido y será, con el sexo más democrático que he conocido.

Yo pienso que todas las mujeres que he amado (o creí amar en la confusión del sexo), son en realidad discípulas de la muerte. Que han llegado a mi lado a adoctrinarme para cuando llegue el momento de estar a su lado en el tálamo de mármol. No creo en la casualidad cuando hago remembranza de aquella generosa amante que llevaba el nombre católico de la muerte, y un sexo profano y proverbial. Ni tampoco al mencionar a aquella cuya bisexualidad la emparentaba con la hospitalaria y pródiga dama del destino.

Siendo así, los templos más prolijos de la muerte están sin duda en San Pablo y en Sullivan. Donde las sacerdotisas incitan la horizontalidad con que hemos de terminar algún día. No es oxímoron de manera alguna el sexo y la muerte, el vínculo es poco menos que controvertible.

Tal vez pueda hacer un trato: yo he de darle la cogida de su vida, y a cambio ella me ha de dar el sexo de mi muerte, que sin duda ha de ser el mejor que haya tenido.
Se trata de venirse con la muerte. No de vencerla ni retarla. Se trata de amar a la muerte, no con la vehemencia del suicida, ni la resignación del enfermo terminal. Amarla como la dama más honesta y leal. La que en algún momento te ha de premiar con la calma.
Se trata de morir, al tiempo que sea, con verdaderas ganas de morirse.

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