Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número I Noviembre de 2012
 

 

CULOS
Hoscoxx Huraño

Confieso que los domingos por la mañana iba a parques a fumar un dedito de marihuana y ya entusiasmado por la gravitación y la luz descubrí que me gustaban todos los culos de las mujeres.
Culos rotundos y carnosos, que desafían la gravedad y ciñen la mirada a la lujuria simple y llana.
Culos como continentes o como la mar, para que un avezado marinero bengalí los cruce.
Culos dorados como corazones perfectos, tan desafiantes como grupas de yeguas en celo.
Culos sagrados como hostias que nos dan la revelación de lo divino.
Culos que nos dan la gracia de recordar nuestro origen solar.
Culos que son una cifra del universo.
Culos que son la mesa de la felicidad sin adjetivos.
Culos que son un misterio que sólo se revela ante un iniciado.
Culos que son alimento para alcanzar la resurrección o la reencarnación.
Y hay culos pequeñitos y duros, fríos como de mono, o los que te caben en la palma de la mano, para guardarlos en el bolsillo, para un tentempié en plena cuaresma sexual.
O esos culos tan levantados y prominentes que parecen venir de una tienda de prótesis.
Culos negros, culos morenos, culos blancos como la nata, culos adolescentes tersos e inmaculados como una media naranja.
Culos tan apretados que parece que se necesita un taladro para penetrarlos.
Culos abiertos que te enseñan suavemente la miel que ofrecen a tu lengua, a tus dedos, a tu verga.
Culos que marcan pantalones hasta reventarlos.
Culos que se asoman insinuantes bajo faldas vaporosas.
Culos para que monstruos se masturben y sueñen venirse para alcanzar un orgasmo y la libertad anhelada.
Culos caídos que aguardan secretas pasiones, que se desbordan en frenesí de historias que no pueden contar.
Culos como tumbas oscuras que son la premonición de tu final destino.
¿Qué culo llevas por el mundo sin saber qué destino preconiza?

Regresar