Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número I Noviembre de 2012
 

 

POSDATA DE UNA CARTA (TODAVÍA) NO ESCRITA
Mario Bravo

Y no se me olvida el verso que te debo, aquel que dejé junto a la estufa, por la mañana, cuando el aroma del café inundaba la cocina. Tampoco olvido la caricia dormida en mi mano, ni el beso que no te di porque el sueño me venció la otra noche. No, no olvido el medicamento diario después de los alimentos ni olvido aquel "te quiero" agazapado en mi garganta.

Nada de ello olvido, tenlo por seguro.

Despreocúpate, mujer, que cada noche coloco la escoba tras la puerta para que el miedo no entre a sorprendernos. Cada noche lloro los llantos de los que no tienen tiempo de llorar. Cada noche huyo por las avenidas y esquivo a los ladrones de las promesas y de las ventanas abiertas. Cada noche bebo un vasito de vino junto a tu retrato.

No olvido el beso que sí te di ayer cuando abrí los ojos por la mañana. No olvido tu abrazo en el vagón del metro al arribar a la estación, ni tu confesión de hace poco tiempo, cuando me dijiste que tu sopa favorita es la de fideos y no la de letras que siempre preparo. Tampoco olvido la tristeza de los lunes o la pereza de los jueves al salir de casa antes de las nueve.

No olvido ese suspiro tuyo cuando el tedio nos desarma, ni la batalla en tu cuerpo ni las siete letras de tu nombre.

Sirva la presente para conjurar al olvido.

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