Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número 3 Enero de 2013
 

 

HOY QUE LA VIDA ME HA PUESTO LA PLUMA SOBRE EL OJO
Adán Echeverría

Pienso y distingo a los huracanes que surgen del Atlántico
a esas caracolas que forman las puntas del diamante
y van trepando tierra dentro

Voy con mis manos de relámpago
para nacer desde el oleaje como Venus
o quedar ciego en la corteza de los árboles
perdido en el laberinto de los versos
(bajo subo precipito y sedimento en cada hoja)
como un presentimiento

Y esto lo pienso mientras mis manos aletean
con el nervio de una guerra que se inclina
sobre los hombros
Me sitúo en las aceras de Wall Street y miro las pantallas

La caída de las bolsas de valores alrededor del planeta
nos reúne en este punto Ciegos por el humo del tabaco
a tientas por los callejones
Miro los relojes detenidos en las alas abiertas de las aves que circulan cabizbajas entre los tejados edificios chimeneas ventanas fuentes parques blancas plumas y las nubes negras por el pensamiento solo el huracán colmado de silencios

Tal vez fue la felicidad o la negritud del tiempo o esta sobredosis de miedo que corre en los parajes
Acaso el aletazo que no quiere extinguirse y silencioso relampaguea al horizonte
El cielo de unicornios embravecidos acercándose en las noches de tormenta
Tantas inundaciones y ni un solo transeúnte con la corbata adormecida

Ah mis manos de relámpago mis manos que tiemblan
y me dictan cuando voy quedando ciego
Porque los mercados caen los edificios se desmoronan y uno observa y mira y puede distinguir que del grito último en que nos hemos anclado somos la partícula suspendida en el aire
cayendo a través de las ventanas flotando entre la lluvia

Pienso en los electrones en el sabor de tu lengua en la axila blanca blanquísima de la niña que estuvo conmigo anoche y al volver el rostro sobre las manecillas del reloj toda ella y sus pedazos de blancura cayeron con los edificios

Porque no estamos solos como cada noche porque todo nos ha reunido en este punto en la mirada del ojo que siempre precipita
Pienso en el brillo del silencio que me remonta a la selva en el brillo que surge cuando abres la boca

Pienso en el hueco del niño que no conoció a su padre aquel brilloso padre tragado por la niebla
La misma niebla que nos va dejando ciegos uno frente al otro sin poder pronunciar los apellidos

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