Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número V Marzo de 2013
 

 

En busca del feminismo perdido
Patricia Barrera Mora

Lejos están los años donde en las casas olía a comida recién hecha, los tendederos estaban repletos de ropa impecablemente lavada a mano, las casas ordenadas y todos alrededor de la mesa comentándole a mamá nuestras insignificantes aventuras, a las que ella prestaba atención como una verdadera profesional de la psicología. Esa nada valorada labor se emancipó, y hoy mandamos la ropa a la lavandería, los niños están desde temprana hora y edad en las guarderías o escuelas de tiempo completo, la comida “casera” se compra en la fonda de la esquina; hoy pagamos por no hacer ninguna labor en casa, las mujeres emancipadas hablamos con desprecio de la labor doméstica, nos sentimos ofendidas cuando nuestra pareja nos respalda para que dejemos de trabajar y cuidemos a los niños.

Decimos que los tiempos exigen el trabajo de ambos, para justificar la evasión a dicha labor. Es una época donde el consumismo nos consume, y los niños crecen solitarios, sin figuras de autoridad. En la adolescencia, que es cuando las cosas se complican, parecemos no ver al padre o le exigimos que funcione como tal, cuando antes lo descalificábamos en cada intervención.

Por otro lado, las jóvenes de hoy cultivan cuerpos perfectos en corazones vacíos, en donde la superficialidad ha dado paso a una generación de papel: frágil, sin valores, sin identidad, actuando como machos y exigiendo trato de princesas, teniendo sexo indiscriminado, bebiendo, fumando y diciendo palabrotas al parejo de esos machos a los que tanto atacamos (que dicho de paso también educamos nosotras). Hoy somos una copia burda del misógino, y ahora hay ese repudio de las mujeres hacia los hombres, a pesar de que muchas de ellas ya no saben lo que fue el machismo, sólo reproducen patrones de la madre o abuela que sí vivieron ese yugo. Nuestro género, mal llamado “sexo débil”, a través de la historia ha mostrado ser mucho más fuerte de lo que se cree y a pesar de ello nos empeñamos en parecer tontas y frágiles para manipular las cosas a nuestro antojo.

Hemos olvidado la negociación y la sensibilidad tan propias de nuestra condición femenina y tan importantes para la formación de las familias; ser cabronas es nuestra bandera y no hemos entendido que el concepto no es “ahora me vengo de ti, por lo que le hicieron a mi abuela”; utilizamos los procesos hormonales para justificar nuestra incapacidad de hablar, de ser asertivas. La desconfianza y el revanchismo han secuestrado a nuestro género, las diferencias entre hombres y mujeres son reales, no podemos pretender parecernos a ellos. En Facebook aparecen a diario muros en los que mujeres ardidas se autoproclaman mujeres fuertes, cabronas, valiosas; pero la verdadera valía está en lograr equilibrar a las mujeres que traemos dentro: la sensual, la madre, la profesional, el ama de casa, la pareja. Sin duda es una ardua labor que se logrará sólo con un aprecio auténtico a nuestra condición, cualquier actividad que menospreciemos nos impedirá lograr el equilibrio y así llegar a ser una auténtica mujer de este siglo.

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