Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número V Marzo de 2013
 

 

La reunión
Norma Elsa Pérez

Una tarde desolada, mi alma y yo invocamos a cuatro mujeres, en la sala de la casa, llovía y no había luz.

Cuatro ilustres damas van llegando poco a poco, como los siglos les permitían; la primera fue Juana Inés de la Cruz, quien saludándome con su inigualable tono me dijo: "El amor es más que un laberinto” y se sentó a mi lado. La siguiente en llegar fue Carson McCullers y su saludo fue: "El corazón es un cazador solitario"; luego siguió Sylvia Plath, que con su longevo sufrimiento nos dijo: "Le hablo a Dios pero el cielo está vacío", y todas nos empezamos a reír.... La última en llegar fue Artemisia Gentileschi; ella no baja mucho, pero hoy sí quiso, porque quería pintar la melancolía de todas estas mujeres.....

Cuatro mujeres con alma diferente pero con un mismo encierro, que bebieron agua salada vertida de lagrimas, cuatro mujeres heridas con dagas y puñales, cuatro mujeres con un corazón seco, roto y triste. ¿Qué les podía decir yo que tengo un corazón convertido en masacre?

Juana Inés habló en versos alejandrinos sus amorosos tormentos, sus esperanzas en el viento; McCullers sólo dijo “El perdón es una blasfemia".
Plath nos ilustró con sus teorías suicidas, vestidas de luto y de dolor. Todas somos amantes de de la muerte, ¿verdad, Magdalena?

Artemisia sólo pintaba en un lienzo tenebroso la interpretación de lo que escuchaba, con pinceladas muy suaves y muy exactas la melancolía profunda de estas mujeres, esperando algo que por destino o mala suerte, nunca llega.... "Olvido y resignación para tratar de vivir a través de la ausencia”, concluyó el mensaje. Las mujeres se fueron una a una, dejándome en una caja: los trozos de un corazón desafortunado y a través del espejo: una niña abandonada en un mundo triste.

Alma mía, no te flageles tanto, espera a que el divino Marqués haga su trabajo y te deje las heridas abiertas, que nunca, por nadie, dejará cicatrizar....

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