Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número V Marzo de 2013
 

 

MARIELENA
Hosscox Huraño

Me gusta el ruido de los helicópteros, las gordas feas y comer las bayas amarillas del carambolo. Es veintidós de mayo, la cola de la osa mayor, Alkaid, palpita en toda su blancura de enana blanca. Me siento acomplejado ante esta infame turba de estrellas.

Casi sin aliento he echado la última palada a la fosa del hijo recién nacido de esta mujer. Está sola y desesperada, me sacudo un poco la tierra de las manos y de un impulso la tomo. El primer calostro se chorrea por la piel de su pecho, me hinco para tratar de recogerlo con mi lengua. Al cabo sus tremendas ubres han quedado secas. Y vueltos animales copulamos en la tierra con lágrimas y con lo que nos queda de cuerpo.

Despertamos en un charco de lodo, salimos del panteón como imágenes de baba y salitre. De no ser por el penetrante tufo nadie se hubiera dado cuenta de que caminábamos entre los demás. Creo que nuestro ritual nocturno nos hizo animales callejeros y por lo tanto nos perdimos al paso de unas cuadras.


A veces cuando me rasuro miro en el espejo a esa mujer, su rostro vacío de muchísimos años me hace pensar en las momias que uno se coge por piedad al más allá.

Mi primer entierro fue el de mi tío, de él heredé el trabajo y un mapa estelar que con los años aprendí a usar.
Algunas veces vendo muertos célebres a los estudiantes. Y siempre desentierro a los recién nacidos, hurgo en su trasero para sacar el meconio. Lo compran las brujas de por aquí a buen precio, le otorgan un poder magistral a una caca amarilla y viscosa.

Alquilo mensualmente por una noche el panteón a unos ingenuos para que hagan su pic nic metafísico.

Generalmente sueño que soy un cazador de mosquitos. Los voy ensartando con una aguja hasta que son suficientes como para empezar a tejer estrellas, pero cuando ya voy a terminar despierto. Y tengo la idea de que mis sueños fueron muy duros, como de malaquita, entonces me miro con unos lentes que había inventado mi tío, porque él también tenía el mismo sueño --eran lentes con rayos X--, y asombrado miro mi cerebro abollado, y es cuando realmente despierto.

jmojica@avelamia.com

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