Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número V Marzo de 2013
 

 

Yeah, yeah, yeah!
(Segunda parte)

Luciano Pérez

Desde que los Beatles aparecieron se les consideró peligrosos por parte de los adultos, desde el punto de vista social y de las costumbres, y también desde el musical. En México, y en todo el mundo, padres y madres se mostraron desconcertados al ver a sus hijos e hijas enloquecidos por cuatro músicos de cabello largo. Los muchachos comenzaron a dejarse crecer el pelo, en contra de las reglas de urbanidad, y los problemas comenzaron.

Hubo amargas discusiones en los hogares y mucha represión en las escuelas y en las calles, porque el pelo largo se convirtió en símbolo de rebeldía y libertad, palabras que en 1963 y en años posteriores fueron consideradas malas. Las muchachas llenaron sus paredes y puertas, y forraron sus libros y cuadernos, con fotografías de John, Paul, George y Ringo, y discutían arduamente sobre cuál de los cuatro era el más atractivo.

McCartney fue el más favorecido, pero los otros tres también tenían muchas partidarias. Ellas vivieron días, semanas y años de exaltación orgásmica y orgiástica con los Beatles. Los conciertos de éstos llegaron a ser inaudibles por tantos gritos femeninos.
Y entonces, a chicos y chicas les dio por cantar en inglés, lo cual fue considerado extraño para nuestra identidad musical mexicana.

Y no podía llamársele “agringamiento”, pues se trataba de ingleses y en México no se sabía nada de Inglaterra, salvo que había una Reina Isabel y un tal Winston Churchill (W.C., de modo que nosotros en aquel tiempo decíamos cuando acudíamos al sanitario: “Voy al Winston Churchill”).

Lo “gringo” hasta podía ser bueno, pero lo “inglés”, lo “británico”, ¿cómo entenderlo? Y esas canciones beatles, ¡esos gritos! Nada que ver con “nuestra” música nacional, ni siquiera con la extranjera, pues Ray Conniff y Percy Faith habían sido bien aceptados.

El grito de YEAH, YEAH, YEAH!, estribillo de la canción “She loves you”, se convirtió en nuestra liberación definitiva: libres del tiempo, de los padres, de los maestros, de la religión, de toda autoridad. Había que dejarse llevar por la corriente melódica. Y sólo fue el principio, quedaban seis años más que nos fueron transformando junto con los Beatles mismos, lo cual nos cambió la vida. Y aquellos señores y señoras que se escandalizaban por “I want to hold your hand” y “From me to you”, no se imaginaron lo que vendría de ese mismo grupo años después: “Helter Skelter”, “Piggies” y “What a shame Mary Jane had a pain in the party”.

Como decíamos en la primera parte de este artículo, en 1963 fueron lanzados dos álbumes y tres singles. Ya hablamos del LP Please please me. Ahora lo haremos con los otros discos. Los singles confirmaron el poderío musical del grupo.

En el primero, “From me to you” y “Thank you girl”, con John en la primera voz, los Beatles expresaron con inusitada rapidez en música y palabras el deseo y el amor, que a veces es lo mismo, y a veces no.

En el segundo, “She loves you” fue el himno beatle con su Yeah, Yeah, Yeah característico, que a tantos nos dejó hipnotizados para siempre, y a la vuelta del disco venía “I'll get you”, que también nos impactó, ambas canciones otra vez con John como principal cantante.

Pero el tercero fue más allá: “I want to hold your hand” cambió de una vez por todas la música popular, hizo pedazos todo lo anterior y ya nada fue igual en adelante; imposible describir la fuerza, la electricidad, de esa canción, con la voz de Lennon derribando fronteras y límites.

La canción de a la vuelta, “This boy”, es también notable, porque además es un trío pues cantan juntos John, Paul y George. El otro LP de ese año 63 fue llamado With The Beatles, donde aparecen sus rostros en primer plano sobre un fondo oscuro.

Son 14 canciones. Hay 6 covers: “Till there was you”, un hit del viejo musical The Music Man, al que Paul le dio agilidad y frescura, con un toque acústico inolvidable que la melodía original no tenía; “Please Mr. Postman”, buena canción, con John adelante y el coro de Paul y George; “Roll over Beethoven”, una versión mejor que la original de Chuck Berry, con George cantando; “You really got a hold on me”, buena canción con John y el coro de Paul y George; “Money”, con John gritando; “Devil in her heart”, muy popular, con George al frente y el coro de John y Paul.

Siete canciones fueron escritas por Lennon y McCartney: “It won't be long”, poderosa, con John adelante; “All I've got to do”, de nuevo John, buena melodía; “All my loving” es una pieza maestra, y Lennon lamentaba más tarde que el autor de ella fuese McCartney y no él, porque de verdad que es una supercanción; “Little child”, donde John y su armónica destacan; “Hold me tight”, de la que se habla poco pero es buena, con Paul en primera voz; “I wanna be your man”, escrita por John y Paul para los Rolling Stones, y que aquí con los Beatles va en voz de Ringo; “Not a second time”, de las mejores canciones de Lennon.

Y finalmente, el estreno de George Harrison como compositor, con “Don't bother me”, a partir de la cual se iría labrando él un camino propio en la música.
Cerramos con la famosa anécdota que ocurrió el 4 de noviembre de 1963, en un concierto de los Beatles en el Prince of Wales Theatre de Londres, ante la presencia de la familia real británica. Lennon hizo entonces su irónica y valiente petición, para hacer notar las diferencias de clase: “Los de los asientos baratos, aplaudan; los de los asientos caros, nada más hagan sonar sus joyas”. Con ese mismo sarcasmo declaró tres años más tarde, en 1966, que los Beatles eran más populares que Cristo, que para nosotros fue toda una revelación y una revolución, un camino para el porvenir.

lperez@avelamia.com

Regresar