Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número VI Abril de 2013
 

 

AMANTES
María Elena Mendez Gaona

El mar contra la playa recrea la violencia con la que Cristóbal y Diana se entregan. La tarde se ahoga y explota en una acuarela color zanahoria que hechiza los rostros de ambos. Él vuelve a humedecerla con su deseo. Ella se contorsiona como si mil hormigas le arrancaran azúcar de las piernas.
* * *
Rosario y su vecina cenan, hipnotizadas frente al televisor. La vecina brinca en el sillón al escuchar que una puerta se azota por efecto del viento. Con los ojos muy abiertos, voltea hacia la entrada encogiéndose de hombros.
- ¡Ay!, pensé que era tu marido. Ya ves que siempre me pone caras cuando me encuentra aquí. ¿Segura que no llega hoy?
- ¡Ay, n’ombre! ¿Cómo crees que te va a poner caras? Llega hasta pasado mañana, lo extraño un chorro –, contesta Rosario con la respiración alterada. Sus ojos se abren al máximo mientras junta más sus muslos y los mueve con suavidad para sentir la frotación justo en la entrepierna, sin dejar de mirar las escenas en la pantalla.
* * *
Cristóbal y Diana observan en el espejo la interpretación de sus siluetas mientras cambian con los dedos el movimiento de las olas y permiten a sus olores hablar. Ambos viven para esos instantes.
* * *
Rosario siente un súbito deseo de ir al baño, pero se rehusa a ausentarse. Antes del inicio de su telenovela preparó minuciosamente la cena: tazas de leche caliente con una cucharada de café, sin azúcar. Emparedados de tres pisos con jamón, queso gratinado, pollo, un poco de tocino frito, lechuga, jitomate y cebolla. De postre, pasteles de chocolate. Entregó a su vecina una charola y se sentó junto a ella frente al televisor.
Nada faltaba. En la próxima hora no se pondrán de pie ni en los comerciales. La ciudad se detiene cuando inicia la transmisión de “Amantes”.
* * *
La cara de Diana se transforma. Le da la espalda a Cristóbal y mira la pared sin pronunciar palabra.
- ¿Qué pasa, amor?
- Pasa que ya estoy harta.
- ¿Y tú crees que yo no quiero terminar ya también con esto? Es que, entiéndeme, todo debe parecer un accidente. Debo cuidar el detalle más insignificante.
* * *
- “Amantes” es la mejor telenovela que se les ha ocurrido. Todos hablan de ella. En la oficina, en el supermercado, en el banco - comenta Rosario con su vecina.
- Sí. Quien no está al tanto, prácticamente no tiene tema de conversación. Nunca habían presentado escenas tan fuertes, ¿no?
- Sí, oyes. Al rato me voy a dar mi bañito de tina para poder dormir -. Y para que se me enfríe la hormona, piensa.
- La que hace de Josefina Rosaura, ¡qué actrizaza! Hasta se siente lo salado de sus lágrimas.
- ¿Qué me dices de él? ¡Mi rey! Besa que se le enchuecan a una los dientes nomás de ver.
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- ¿Cuándo, mi vida? -pregunta Diana más con los ojos que con los labios.
- Ya pronto, amor. No te desesperes.
- ¿Cómo vas a hacerlo?
- Tú no te preocupes por eso. Mientras menos sepas, menos implicada estarás. Recuerda que no nos vamos a ver durante unos meses. Voy a estar en la mira de todo el mundo.
* * *
Los cortes de los patrocinadores contienen claves que deben anotar para el concurso. Si acaso Rosario corre al baño, su vecina estará atenta para no perder información.
- La semana pasada por poco me gano la licuadora que prende foquitos de colores.
- Sí. Regalan cosas re’ buenas.
* * *
- No vayas a llamarme. Yo me comunicaré contigo, ¿de acuerdo? –, Cristóbal acaricia las mejillas femeninas.
- Tengo miedo.
- Déjamelo a mí. Yo haré todo. Siempre hago todo lo que te gusta, ¿o no? -. Los cuerpos vuelven a unirse como pulpa de tamarindo entre dos dedos.
* * *
Rosario tararea el tema de “Amantes” al tiempo que llena la tina del baño. Se sumerge con lentitud y acaricia amorosamente su cuerpo. Quién pudiera tener el cuerpo de la Josefina Rosaura. Seguro viven haciendo ejercicio y comiendo ensaladas, ¡qué flojera!
Levanta el rostro al escuchar pisadas.
- ¡Hola, mi amor! -, grita al ver a su marido frente a ella, vestido con promesas de humedad y tibieza-. Yo creí que llegabas mañana y...
- Y seguramente ya todo el mundo sabe que regreso hasta mañana.
- Pus… sí. De qué otra cosa quieres que platique –, contesta mientras estrella repetidamente las manos contra el agua y finge una voz de niña.
Él se inclina. La toma de las axilas suavemente para levantarla hacia él. Rosario cierra los ojos. Con los brazos abiertos se abandona, en espera del contacto con la otra piel. Cristóbal suelta el cuerpo femenino y la nuca se estrella contra el filo de la tina. Ella se hunde con lentitud. El agua va tiñéndose de rojo mientras el hombre desaparece con sigilo.

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