Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número VI Abril de 2013
 

 

La nostalgia
Hosscox Huraño

La melancolía torna mi verga en una incomodidad honda, es el deseo desbocado por hallarte lo que me confunde, esto para mí es una sensación tan ajena, tan suntuosamente declarada que me hace dudar de su fama.

Navego en tu mirada como una evolución de mi destino. Mi sombra se sabe distinta y camina sin reparo a perderse en la luz. Ya el monstruo que habita en mí se extiende, se despabila, toma mi lugar y recoge las esquirlas de sueños pasados, te percibe ansiosa diversificando tu materia y acrecentando tu mito, hermosa Diosa Libertina.

Infame el monstruo toca sus testículos, los refriega, los ofrenda, sabe que en tu culo encontrá la libertad tan anhelada.
Espera en la hilera de los condenados, con su diccionario preferido de anacronismos, aúlla un poco como perro que es, llena su horizonte con simples mujeres que ya ha devorado y que conoce al derecho y al revés.

El espíritu del monstruo es negro y nítido, como el trozo de una pared abrillantada por el desgaste. Palpita en imágenes de ríos ya secos, aun en ese murmullo silencioso del tiempo de la arena perpetua, hay vasijas con restos de miel, cuadernos con palabras inconclusas, historias sin consumación.

La ilusión y la duda se acercan, pronto será primavera, con la plenitud solar y vital, sabe que para los días ennegrecidos no hay mejor respuesta que tu cuerpo sobre la cama, la luz hiriente de tu sexo, de tus nalgas limando su verga y tu cabello sobre sus ojos.

Vuelvo en mí, y sé que por un instante no me pesaría que el mundo se fuera directo a la chingada. Sólo soy un hombre con sales minerales y un poco de sensibilidad, tomo conciencia y me inclino ante tu lengua delicada, insinuante de palabras que describen cuerpos bramando su plenitud y desenfreno. Las entretejes con los aromas de tu alma antiquísima con tu sexo húmedo y tu orina radiante.

Qué lejos queda todo cuando te pienso en la madrugada, aislado y lisiado de ti. Encerrado en una habitación con una mujer que ahora sólo es una extraña conocida, y me veo separado de mi cuerpo, en una calle, en una cuadra, en una colonia, en un estado, bajo un cielo infinito y quebradizo.

Entonces te invoco, te edifico y apareces. Ya estás ahí con tu mirada de escorpión con tu piel asombrosa, y rezas mi nombre como nadie lo había dicho en años, y mi estirpe fluye, mi monstruo chilla, crece y reclama tu bendita sangre.

Avanzo, sin miedo a perderme en tu boca, miro lentamente cómo vuelas, y sólo me fundo en la sombra.