Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número VI Abril de 2013
 

 

Nuovo Cinema Paradiso
José Luis Barrera

Me senté a ver el Nuovo Cinema Paradiso 25 años después, pero esta vez en mi televisión y no en una sala de la Cineteca Nacional donde la vi por primera vez. En 1988 yo estaba por cumplir 23 años de edad y aún vivían mis padres, y mi vida -como la de “Totó”- tenía matices distintos. Y el pequeño pueblo siciliano, “Giancaldo”, al igual que mi barrio había cambiado pero no demasiado, los personajes eran los mismos pero con más canas y más arrugas. Al menos los que aun no pertenecían a la ausencia.

Cuando “Salvatore Di Vita” recibe el mensaje de parte de su madre diciendo que su gran amigo, cómplice y consejero, “Alfredo”, ha fallecido, los recuerdos se agolpan en su mente hasta hacerle perder el sueño, y entonces, no por arte de magia sino por arte de la memoria, vuelve a ser “Totó”. Ahí empieza la trama de esta entrañable película, con ese toque saludable de nostalgia y una esencia heredada del neorrealismo italiano.

El Nuovo Cinema Paradiso es un homenaje al cine y a las emociones que nos puede despertar. El amor que Totó tiene por la cabina de proyección del sencillo cine de Giancaldo y que lo lleva a ser un director reconocido, es emblema de los muchos amantes del séptimo arte que seguimos descubriendo y redescubriendo los sentimientos en la pantalla grande.

El pequeño cinematógrafo del pueblo siciliano que pudo emerger de las cenizas ocasionadas por el fuego, no pudo regresar de las cenizas del tiempo, que son más inexorables. El Nuovo Cinema Paradiso, ya olvidado, es demolido cuando 30 años después regresa “Salvatore Di Vita”, al entierro de “Alfredo”. Entonces, aquellos que no conocieron la magia del pequeño cine se ponen a jugar entre los escombros que quedan, pero aquellos que lo vivieron, no pueden evitar el dolor que ocasiona la caída del viejo inmueble.

Cada detalle que va encontrando “Salvatore”, va abriendo puertas al pasado: los restos de la vieja sala de cine antes de ser demolida, la cinta de 8 mm. donde filmó el andar de “Elena”, o la plaza del pueblo, casi sin cambio pero más ajetreada, donde 30 años atrás se quedó esperando a su amada. La emoción inunda al espectador como al protagonista, cuando se va proyectando la cinta de 33 mm. que dejó editada “Alfredo”, para ser entregada a su amigo, con las escenas que tiempo atrás censuró -como emisario del Código Hays- el sacerdote del pueblo.

A muchos amantes del cine, esta escena de la demolición del viejo cinema, ha de rememorarles aquellos cines que ya no existen o simplemente son viejos inmuebles en plena decadencia. Ahí se quedarán los fantasmas de los mejores momentos: el de los días felices de acudir en familia al cine, los romances y flirteos propios de las salas de cine, o simplemente las risas y lágrimas vertidas en las películas que nunca podrán ser olvidadas. Así veo yo el lote que otrora albergara el bello Cine Latino en Paseo de la Reforma, o las monumentales ruinas del Cine Ópera en la calle Serapio Rendón de la colonia San Rafael.

En lo particular, me rememora también el cine club de la Quinta Colorada que dirigí durante un tiempo y el que tiempo después encontré abandonado, con goteras, y olor a humedad. Mi pequeño “Cinema Paradiso” que tal vez algún amante del cine tenga en su memoria, con los ciclos de Akira Kurosawa, Wim Wenders, Werner Herzog, Rainer Werner Fassbinder, Luis Buñuel, Federico Fellini y el propio Tornatore, entre muchos otros etcéteras.

Esta gran película de Guiseppe Tornatore, queda inscrita entre las obras maestras que ha producido la historia del cine. Con tintes autobiográficos, Tornatore desarrolla los recuerdos de “Totó”, su gran amistad con “Alfredo” y el amor imposible por “Elena”, en una cinta que originalmente era de casi dos horas y media (versión del autor), la cual tuvo que ser recortada por cuestiones comerciales a 2 horas con 5 minutos. Debo reconocer que cualquiera de las 2 versiones es absolutamente imprescindible. A fin de cuentas Cinema Paradiso queda en la memoria de los amantes del cine con las entrañables actuaciones de Philippe Noiret (q.e.p.d.) y Salvatore Cascio.

Y en gran parte, porque el Nuovo Cinema Paradiso de alguna manera toca las fibras sensibles de quien la ve, porque a cualquier edad hay algún recuerdo de tiempos pasados, y el ser humano nunca deja de recordar. Porque si aún de joven la nostalgia se hace presente, conforme pasan los años se va haciendo más profunda.
Cinema Paradiso llegó en 1988 a mis alforjas emocionales y ahí se quedará por siempre, como sucede con las grandes películas.