Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número VII Mayo de 2013

 

Mayo
Luciano Pérez

Mayo es el mes de María, y María quiere decir: “amarga”.

Porque con mucha frecuencia Ella está amarga contra nosotros, y permite que la vida nos vapulee de más. Nosotros la perdonamos y olvidamos todo, porque Ella es, nada más y nada menos, que la Reina de Mayo. Y ese mes inicia precisamente en el momento del aquelarre de la noche de Walpurgis, cuando un niño debe morir por el bien de la comunidad. Después de todo, un niño siempre está de más, qué le vamos a hacer. Por otro lado, sin el culto a María, vivir sería imposible, y por eso mayo es sagrado.

Recordemos que en ese mes las niñas le ofrecen, o le ofrecían, flores a la Señora.“¡Oh María, Madre mía...!”, cantaban ellas, y uno, que ya estaba aprendiendo a mezclar lo sagrado con lo profano, futuro programa de trabajo artístico, pensaba en ofrecerle niñas de mayo a la flor de María. Las niñas de Tepito, de San Sebastián, de Peralvillo, del Carmen, de Loreto. Niñas que hoy sólo son polvo y ceniza en los destripados armarios de la memoria. Niñas con las que ya no fue posible cantar el himno nupcial de Lohengrin y Elsa de Brabante, la pieza musical de Richard Wagner que todo mundo evoca cuando la gente se casa.

¡Y Wagner nació en mayo! Un día 22 de ese mes, en 1813. Hace 200 años la capital del reino de Sajonia, Leipzig, se cubrió de gloria al nacer ahí el ilustre músico, en plena guerra napoleónica. El emperador francés atacó esta ciudad alemana, en lo que se llamó la “Batalla de las Naciones”, y la perdió, y en su retirada la dejó víctima de una epidemia que puso en peligro a la población. Pero el bebé Wagner fue más fuerte que todo eso y sobrevivió, porque ya desde entonces se propuso realizar tareas imposibles, y las logró gracias a ese ímpetu y empuje que tanto lo caracterizaron, y sin lo cual no hubiera compuesto esa magna obra musical, literaria, esotérica y metafísica que son sus óperas.

En este mayo de 2013, pues, celebramos al Maestro alemán. Y celebramos también a María, la Señora que suele ser (no siempre, hay que reconocerlo) amarga con nosotros y nos da de palos para que aprendamos la lección, no sabemos cuál, como ángeles descarriados y caídos al abismo que somos todos aquellos que nos hemos unido a brujas y sabemos que bien merecemos el castigo, por más que de repente nos parece demasiado pesado y nos quejamos. Somos caballeros como Tannhäuser, célebre héroe wagneriano, ya que, como él, sabemos apreciar el amor de una santa y el de una lamia. ¡Claro que es imposible amar a dos señoras! Pero, quién sabe, ¿qué tal si una y otra son en el fondo la misma ?

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