Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número VIII Junio de 2013

 

20 años con el 22

Habían pasado 4 meses de la muerte de mi madre, y en la televisión mexicana seguía la misma pobre programación de telenovelas baratas y noticieros vendidos. Ya no faltaba mucho para que el entrañable IMEVISIÓN le cediera el paso a TV Azteca, que años después iba a competir con TELEVISA por hacer los peores reality show. Apenas un mes antes el Atlante se coronaba en uno de los extintos “torneos largos” ganándole al Monterrey, y la única programación consistentemente inteligente la tenía el Canal Once.

Era 1993, el año de mi primera orfandad. Y cuando ésta ya andaba cumpliendo sus primeros seis meses, nacía un canal que proponía una refrescante programación cultural, que me atrapó en varias noches de buen cine, cuya cortinilla tenía de fondo la música que Zbigniew Preisner compuso para la película de Agnieska Holland El jardín secreto.

Desde entonces Canal 22 es una opción cerebral para los televidentes, aun cuando es innegable que ha ido perdiendo fuerza. Ya no es el mismo 22, que ha caído en el anquilosamiento en una cultura muy almidonada, con sus largas y aburridas mañanas del EDUSAT, la falta de series y poca apertura a la programación cultural un poco más relajada.

Pese a todo, en junio tenemos que celebrar los 20 años de canal 22, que nos ha dejado documentales grandiosos, conciertos memorables y programas clásicos de la gente con ganas de pensar como La dichosa palabra, El defensor del televidente o la barra infantil Clic clac.
A celebrar pues, en las duras y en las maduras, que por mucho, siempre será preferible que ver Televisa y TV Azteca. Aunque no sean los más los que lo estiman así.

José Luis Barrera

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