Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número VIII Junio de 2013

 

Judit: alabanza a Dios
Leticia Vázquez

A J, quien terminó como la protagonista de esta historia

I

— ¡Hey, despierta! —entró diciendo alarmado el adolescente con voz de niña— ¿Te acuerdas de Judit?

— Judit decapitando a Holofernes —No, dije somnolientamente— ¿Qué pasa con ella?

— Se murió. No saben si se suicidó —dos tías mías son suicidas— o si la mataron. La encontró el hermanito, estaba en la cama, ahorcada--. Mi abuela vio a su tía así, ahorcada: “la vi con la lengua de fuera”, me dijo hace años, pálida y engarrotada, por eso creen que alguien la mató. Tenía quince años. Dicen que se escuchan los gritos…

Volví a dormir…Pensé en Judit los días siguientes.

II

— ¿No se despidió Judy de ti? —, pregunto.

— ¡Cállate!, no pude dormir. Gracias por recordarme—, reprende el adolescente.

— Cuéntame más de Judit—, pido con interés yo, quien ayer estaba en brazos de Morfeo.

— Pues se encerró con la música muy fuerte y al hermanito tuvieron que meterlo por la ventana. Judit estaba en la cama, sentada, tenía las manos en el cuello. Después una vecina le dio primeros auxilios.

— ¿Ya estaba muerta y le dio primeros auxilios?, ¿para qué?

— Pues para ver qué podía hacer, la señora quería ayudar.

— No me parece que haya sido suicidio, fue una muerte muy violenta.

— Dicen que fue la amiga por celos.

— O tal vez fue otra persona,. El ambiente en el que viven se presta para eso, tarahumaras serranos, sin padre, todos viviendo casi en promiscuidad, en esas casas entra quien quiere, están cerca de gente de dudosa procedencia, prostitutas que viven cerca, olvidados por todos.

— También hay rumores de que un indio de esos que viven en casuchas la violó.

— ¿Y cómo escucharon los gritos, si la música estaba fuerte?

— No, los gritos fueron oídos después de muerta-- contesta preocupado el muchachito.

Pienso en Judit.

III

— No, ya me dijeron, Judit se suicidó, se inyectó algo y después se ahorcó sentada en la cama, una mano la tenía en la soga y la otra estaba en el cuello. La jeringa estaba a un lado.

—¿Y ya investigaron? ¿Están seguros de que fue suicidio? —, pregunté con el interés de siempre.

— Sí, dejó dos cartas, una para el novio y otra para la Virgencita de Guadalupe, donde le pedía perdón por lo que iba a hacer.

—En vez de haberle dejado una carta a la mamá…Vaya personaje que escogió.

—Ya se la llevaron a la sierra. Y dicen que le hicieron mal la autopsia porque olía mal.

Seguiré pensando en Judit los últimos tres días.

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