Ave Lamia Revista Cultural Ciudad de México Año I Número VIII Junio de 2013

 

Sin Acento
Norma Elsa Pérez

Muy temprano me levanté con un dolor de garganta insoportable que ya no me dejó dormir. Y me alisté para salir a trabajar. Tal vez hoy no sea mi día, una mala corazonada me punzaba por dentro.

Llegué a mi lugar de trabajo y dispuse mi mercancía; el primero en llegar fue un hombre con el cual siempre discutía por todo, nada le parecía y muy poco o casi nada me compraba. Quería todo muy selecto y casi regalado, cosa que no me convenía. Hoy no llegamos a ningún acuerdo; ese hombre se enojó tanto por haberle negado el precio que pedía y empezamos a alzarnos la voz. A tal grado llegó su ira que les dijo a las demás personas que no me compraran nada, que yo era una persona muy mala a la cual le gustaba tener muchos maridos para después matarlos y vender sus pertenencias a precios muy altos. Ese hombre descorazonado se fue, y casi en ese día nadie se me acercó; sólo se escuchaban los murmullos y las intrigas que ese hombre sembró.....

Después llegó otro cliente, un hombre que venía de muy muy lejos, del cual para hacer negocios, tuve que aprender a leer, a escribir y a hablar su idioma, que no sé muy bien del todo pero esa condición me puso él.... Llegó con su séquito de cortesanas, y algo le molestó de mi voz, a lo que inmediatamente me dijo:"No entiendo nada, qué voz tan fea y qué mal acento tienes, no podemos negociar más. Aprende de mis mujeres, hermoso el acento y la fluidez con la que ellas hablan”. Y entre ellas se burlaban de la voz poco agraciada que de mí salía, pues eran mujeres de otros mundos, que aprendieron a comunicarse con él hablando su idioma con un acento perfecto, todas ellas vestidas igual, alabando las palabras y conocimientos de aquel ególatra hablador que tal parecía miembro de alguna secta o algún desquiciado fetichista....Total, que aquel hombre siniestro se marchó con sus cortesanas en una nave espacial, la cual manejaban dos hombres muy raros, pues a este excéntrico personaje no le gustaba viajar en avión .No me compró nada, tampoco lo volví a ver, pero le deseo una muerte a traición por alguna de sus cortesanas.

El que siguió fue otro hombre, que pedía productos muy específicos que sólo yo podía conseguir, y el verlo me dio mucha alegría pues era el cliente más antiguo y el que más me frecuentaba; le empecé a platicar lo mal que me había ido en el día y de tajo me interrumpió y me dijo:"Oye, un favor, habla como una mujer de tu edad, pues entre maullidos y graznidos, no te entiendo nada. ¡Es patético para tu edad!", y se fue.

Comprendí que la voz me iba cambiando. Recogí mis cosas y me fui a mi casa. En el camino me encontré con algunas almas en pena con las que no quise iniciar conversación. Me dijeron: "No es necesario que hables, pues nosotros no necesitamos lenguaje, te podemos entender", y seguí conversando con ellas sin dirigir una sola palabra. "Nuestra comunicación es diferente y seguiremos hablando contigo, pero sácanos de aquí pues ya nos aburrimos de las llamas eternas"... Y así saqué dos almas del purgatorio que se fueron directamente al mar a curar sus heridas...

Seguí caminando a casa, hoy no me fue bien, no comprendo lo que me pasa, el porqué de ese cambio de voz tan agudo que nadie entendía; pero comprendí que el dolor es universal, que el sufrimiento no tiene lenguaje y que la muerte no tiene acento pues no necesita las limitaciones de los humanos.....

Llegando a mi casa le conté a mi madre lo que me había sucedido en el día entre graznidos y maullidos; ante su preocupación lo que hizo fue malbaratar mi mercancía y comprarme una jaula enorme, y me colocó junto al loro que a cada rato pregunta la hora, y junto al cuervo que come manzanas. Además, ¡entiendo la voz melosita de los gatos!
Entrando en la jaula, no volví a salir, entiendo y hablo el lenguaje de los muertos, el de los gatos y el de las aves, nunca volví a hablar como persona y jamás volví a hablar con nadie........

Regresar