Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año I Número X Agosto de 2013

 

1983: el preámbulo de una década
José Luis Barrera Mora

Los años ochentas, cuando la vida ya me había cobrado las primeras penas y los traumas ya habían causado sus primeros estragos, las mujeres dejaban de ser etéreas y se presentaban como esos seres de carne y hueso que crean ansiedad y deseo. Y ya que mi desarrollo natural lo había frenado abruptamente la maestra Walpurgis de quinto año, mi verdadero despertar sobrevino en los años ceceacheros de mi vida.

Ahí aparecieron las bellas Noelia y Jeaneth, y otras tantas juveniles sirenas de los mares orientales del asfalto. Por supuesto que el deseo también estaba presente en las calles de mi colonia, y dado que mi despertar fue cruelmente postergado, la mayoría de las veces mí inexperiencia e inseguridad hicieron trizas mis planes románticos. Las jovencitas de aquellas épocas, ahora tan desvencijadas como yo mismo, aparecen hoy ante mí con más años, más kilos y más hijos encima. Ya había dejado atrás mis años aciagos de adolescente, ya había dejado la pesadilla de la secundaria (en donde aún conservaba rescoldos del catastrófico quinto año de primaria) y empezaba el renacimiento en una de las “peores” escuelas de la UNAM, y que a la postre fue la mejor a la que pude asistir para resurgir con mayores bríos y más experiencias.

Ya fue entonces conocer la Agrícola Oriental, la Vicente Guerrero, la Juan Escutia y la legendaria Ciudad Neza. Empecé a abrir mis ojos de Radio Felicidad a Radio Capital y del Festival OTI a las tocadas del TRI en el CCH Oriente. Ahora el Perro negro y callejero anunciaba otra versión de mi mismo. Y para no jalar sólo de un lado, no podía faltar Amiga de Miguel Bosé, que era ineludible en la serenata para las jóvenes musas de aquellos hormonales años.

En México el Festival OTI, conducido por supuesto por Raúl Velasco, tenía como ganadora a María Medina con la canción de Amparo Rubín, Compás de Espera, que había derrotado a César Costa con Tierno y a Mario Pintor con Mi Éxito. En este año compitieron también Álvaro Dávila, Víctor Iturbe “El Pirulí”, Gualberto Castro, Oscar Athié, Rafael Amador, Carminna, Massías (quienes me tienen que agradecer la mención, ya que nadie las recuerda) y (oh terrible y bizarra sorpresa) Aída Pierce. La ganadora a nivel internacional era una canción de Brasil: Estrela de papel con una tal Jesse.

José José estrenaba su disco Secretos, del cual salían las muy conocidas canciones: Lo dudo, El amor acaba, Voy a llenarte toda, Cuando vayas conmigo, Lágrimas, He renunciado a ti, Quiero perderme contigo, y A esa, todas de Manuel Alejandro.
En 1983 salió el que para mi gusto ha sido el mejor de los discos de Emmanuel, En la soledad, producido en Italia por Shel Shapiro y con temas del propio productor y Lucio Dalla (El año que vendrá…querido amigo). Todos los temas eran innovadores y de excelente manufactura. Tengo, Estoy loco, Pertenezco a ti, Por, Solo voy, Si ese tiempo pudiera volver, El último día del otoño y El rey azul, redondeaban este gran disco.
Alberto Cortés nos entregaba una canción de amor ya madurado, amor con sabor añejo, con Como el primer día. Mecano, con su género tecno-pop, andaba en las discotecas (que yo no frecuentaba por cierto) con su Barco a Venus. El rock en español estaba a punto de dar su gran salto, y en Argentina ya empezaba a sonar una banda undergound, de nombre Los Fabulosos Cadillacs, quienes hasta 1986 grabaron su primer disco. Lo mismo sucedía con Soda Stéreo, referente evidente de la época, fundada un año antes (1982) y hasta 1984 grabó su primer disco.

Y como ya empezaba a conocer el mundo de la “grilla” estudiantil, comencé por esos años a escuchar a Gabino Palomares, José de Molina, Óscar Chávez, Silvio Rodríguez, etc. Empecé a acudir a las peñas, a conocer a Los Chalchaleros, Inkataki, Los Folkloristas, Amparo Ochoa, El Negro Ojeda.

En Estados Unidos, el premio Óscar se lo otorgaban a Terms of Endearment de James L. Brooks , con Shirley MacLaine, Debra Winger, y Jack Nicholson. Y el mismo premio pero para película de habla no inglesa, era para la inquietante Fanny y Alexander del gran director sueco Ingmar Bergman. Barbra Streisand protagonizó, produjo y dirigió una película fundamental del movimiento feminista, Yentl, sobre una muchacha judía que lucha por acceder a la educación superior. Scarface de Brian de Palma, lo mismo que Barry Lyndon de Stanley Kubrick, hacían las delicias de los cinéfilos, pero Flashdance, con Irene Cara, fue la sensación taquillera del año y la referente obligada para los jóvenes ochenteros. Y no podía faltar la imprescindible saga de La guerra de las galaxias, que nos entregaba el episodio VI: El retorno del jedi. En aquel año, sin ser aficionado a James Bond, accedí a acudir con mi familia (por elección de mi padre) a ver la decimotercera película del famoso detective inglés, Octopussy: 007 contra las chicas mortales, como se conoció en México, protagonizada por Roger Moore. En México teníamos para elegir entre Lo negro del negro Durazo y Coqueta. Aunque la mejor cinta era una película llamada Nocaut de José Luis García Agraz, con Gonzalo Vega, Blanca Guerra y Wolf Ruvinskis.

Algunos años después, programando ciclos para el añorado cine club de la Casa de Cultura Quinta Colorada, conocí dos películas que en su momento no vi y que fueron estrenadas en este año referente: El Ansia, de Tony Scott, con Catherine Deneuve, David Bowie y Susan Sarandon, una cinta de vampiros en donde resalta una escena lésbica entre una Deneuve (madura de buen ver) y una Sarandon muy joven (quien declaró que ahí fue el mejor beso que dio en el cine); por su parte, del polaco Andrezj Wajda, Dantón era un filme que tocaba la lucha entre Robespierre y Dantón durante la Revolución Francesa, interpretado el último por Gérard Depardieu. La segunda película es mejor que la primera en términos generales, pero sin duda las dos son recomendables. También en el cine hubo sucesos que influyeron en la programación de aquel pequeño y entrañable cinematógrafo: en abril muere Dolores del Rio y en julio Luis Buñuel.

En 1983 se funda la televisora estatal IMEVISIÓN, a la que le guardo un gran cariño ya que fue una gran acompañante de esos años; en esta televisora vi programas como Música y algo más con Sergio Romano (ahí pude escuchar al Dueto Nuevo Amanecer, Yekina Pavón, Jorge Buenfil, etc.), En Tienda y Tras Tienda con Ausencio Cruz y Víctor Trujillo, además de otros programas importados como Los Años Maravillosos y Los Simpsons, que siguen creando temporadas y temporadas.

Jorge Díaz Serrano es denunciado ante la PGR por parte del PMT por diversos ilícitos cometidos durante su gestión en PEMEX, cuando era presidente de México Miguel de la Madrid Hurtado.

La empresa alemana Deutsche Grammophone lanza al mercado el "compact disc", aunque claro es que fueron varios años después cuando mi padre compró un aparato reproductor de CD´S. Los cigarros Fiesta, las pilas Eveready y las Hamburguesas “Burger Boy”, eran muy populares, y circulaban los Dart “K” de la Dodge y los Caribe de la Volkswagen. Y para los pobres que aún no podíamos denominarnos ecologistas, el transporte público nos brindaba la mejor opción que he conocido y que a la postre fue descalificada por el “adoctrinamiento socialista” que se daba a su personal: la famosa Ruta 100, con los famosísimos camiones llamados “delfines”, que desde los años setenta, fueron supliendo a las no menos famosas “vitrinas”, y otros menos famosos llamados “ballenas”. Era la época de oro del transporte público y la época más marina de las calles de la ciudad.

Esa era la modernidad de los años ochentas, cuyo rastro definitivo se fue manifestando en los años posteriores a ese aún insípido 1983, cuando el rock en español empezó su verdadero auge y se vinieron movimientos magisteriales de verdadera trascendencia y surgió un movimiento político ciudadano que por primera vez tuvo la inquietud y esperanza de sacar al PRI de Los Pinos. Pero hace 30 años todavía faltaba mucho para llegar a lo mejor de la década y a mí me faltaba otro tanto para llegar a lo mejor de mi vida.1983 clarificó la historia de una década y la trascendencia de mi paso por la vida.

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