Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año I Número XI Septiembre 2013

 

En casa
Leticia Vázquez

Ya caía la tarde.

– ¿Dónde está tu hermano? –, pregunta mi madre.
Como si yo tuviera que saber dónde están mis hermanos.

– No sé, voy a buscarlo.

Busqué y busqué, no lo encontré…
Anduve por todos los rincones de la casa y del patio.
¿Y dónde más? Si él nunca salió, nadie lo vio salir.

No estaba en la calle, es más, estábamos todos aquí.
Busqué yo, nada.

Después éramos mis cuatro hermanos y yo los que recorríamos los nueve cuartos. Gritamos y corrimos por todos los pasillos, por todo el patio. Buscamos hasta en el techo.

Pasaron casi tres horas y nos cansamos, estábamos desesperados unos, asustados y enojados otros.

– ¿A quién buscan? –, preguntó nuestro progenitor, y todos nos volteamos a ver.

– Al niño–, contestamos. Y se unió a la búsqueda.

Ya era noche. No salimos a buscarlo a otra parte, en nuestro hogar debía de estar. Seguimos buscando. No queríamos dormir así, sin encontrarlo, sobre todo porque sabíamos que no dormiríamos. Pero con todo y la preocupación, nos venció el sueño.

– Ya mañana será otro día–, nos dijimos. Y sí pudimos dormir, hasta ellos dos.

Al día siguiente despertamos, almorzamos y proseguimos la búsqueda. Pero no volvimos a verlo. Aún no lo encontramos, a veces buscamos.

Creemos que es como esas veces que se te pierde algo y no lo encuentras; después, sin estarlo buscando y sin esperanza ya de hallarlo; dices ¡Eureka! Un día lo encontraremos aquí en la casa. ¿Y dónde más? Si aquí se nos perdió.

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