Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año I Número XII Octubre 2013

 

El Bastardo
Leticia Vázquez

—¿Cómo te llamas?

Recuerdo la primera vez que me hicieron esta pregunta. Retrocedo a mi infancia en el hogar materno…Después del abandono de mi padre y de la muerte de mi madre, a los cinco años, Dios me dejaba solo.

Bastardo, me decían…Todos los días ése era mi nombre. Bastardo, bastardo, bastardo….Me acostumbré a esa palabra, ahora le encuentro eufonía.

Nunca fui a la escuela. Trabajé desde los siete años y a los nueve, dejé la casa. El trabajo con los animales me era de ayuda, así no tenía que verle la jeta a nadie, en especial a mi abuelo, quien disfrutaba más decirme prieto que bastardo. Con el Don aprendí a leer y a escribir y me sentí superior a mi abuelo.

A los diecisiete años, cuando el Don me invitó a la ciudad, no lo pensé dos veces, me fui con él, nada me retenía al lugar de mi infancia. Jamás regresé. Fue aquí donde usé mi nombre por primera vez. Ya no era El bastardo.

—Aarón— dije, y sentí que mentía, que ese, no era mi nombre.

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