Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año I Número XII Especial Octubre 2013

 

Teo-agonías
Macarena Huicochea

Teo-agonías
El espejo miró fijamente hacia afuera… el estremecimiento en su superficie hizo que, por un instante, sólo hubiera oscuridad en su interior. El parpadeo fue imperceptible, pero fatal: el azogue se deslizó hacia la cara opuesta del cristal, abriendo el sello que contenía a los dioses muertos.
Sin darnos cuenta, nos convertimos en imágenes, en débiles reflejos del ominoso mundo que escapó de su interior y que nos mantendrá en esta prisión eternamente.

Siembra

Descendió con la lluvia nocturna para sembrar sus recuerdos y salvarlos de la muerte. La amnesia le enturbiaba la mirada queriendo apoderarse de su nombre. Lo recibió la tierra con su incienso de fertilidad en celo que él dejó que penetrara por sus poros hasta animar el polvo de sus huesos.
Se deslizó entre las valvas de una cueva, húmeda y tibia, en cuyo interior descubrió un profundo cuenco de agua transparente; se acercó a su orilla para mirarse en él, anhelando conocer su propia imagen, pero al no encontrar su reflejo, sollozó.
Inició la ceremonia.
Untó los leños con su sangre para preparar la hoguera.
Pronunciando palabras sagradas dejó escapar hacia el fuego sus últimos recuerdos… cantó todos sus nombres mientras se desollaba…
Luego extendió su piel sobre el suelo y, quemando las huellas de sus manos, colocó la pira en el centro, envolviéndola en silencio. Una vez dispuesto el atado, lo arrojó al fondo del cuenco.
Asomado alespejo líquido esperó a que dieran comienzo los días…
Se originó el tiempo.
Alguien, detrás de la membrana acuática, se agitaba amedrentado.
Balbuceando con angustia nombres de dioses, lo llamaba suplicando que mostrara su rostro.
Él sonreía complacido… desde su cadáver ciego.

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