Ave Lamia Revista Cultural

Reserva de Derechos 04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año I Número XII Especial Octubre 2013

 

Los gusanos de Pogo el payaso
Leticia Vázquez

Narrador: Y bajo el piso de madera de su casa, iba a parar todo lo que desechaba...
La vecina: Qué raro ¿de dónde habrá salido este gusano? (el animalito está bajo su zapato).
Narrador: Minutos más tarde, con el calor encima, cuando se encamina a lavar los platos de la comida…
Vecina (molesta y sorprendida): ¡¿Otro gusano…?! Si ya maté uno.
Narrador: Se dispone a matar al gusanito; pero cuando toma la escoba, se da cuenta de que en la base hay muchos más gusanos color beige. El sólo verlos, le hace sentir un estremecimiento en la parte lateral derecha de su cerebro y en la mitad izquierda de su cuerpo.
Vecina: ¡Ay, qué asco!... No puede ser…Yo no puedo tener estos animales en mi cocina… Quién sabe desde cuándo se estén metiendo.
Narrador: Acaba con todos; pero no vamos a culparla, así son las cosas en este mundo, los fuertes acaban con los débiles, los inteligentes superan casi siempre a los tontos. ¿Quién les manda a esos animalitos rondar cerca de los humanos?

Días después…
Vecina (llorando y matando gusanos, pone un papel encima y los pisa, así es como los mata cuando son pocos): Ya no aguanto a los malditos gusanos. Y se ven tan feos. Lo bueno es que no pasan de la cocina.
Esposo: Deja de quejarte, al menos tienes una casa en la que se puedan meter los gusanos.
Vecina: Con eso quieres arreglar todo, como tú no eres el que mata a los gusanos. Ya estoy cansada de matarlos. (Se escucha cuando destripa a cinco o seis gusanos juntos)
Narrador: Al día siguiente, el esposo va muy temprano a la cocina. Muchos hilitos beige se pasean por el piso también beige, así que parece como si el piso se moviera, dando una sensación de repulsión y haciendo que se estremezca, primero, el lado derecho del cerebro, después, el lado izquierdo del cuerpo, el brazo y el torso.
Esposo: ¡Qué porquería es esto! No me queda más que barrer.
Narrador: Los gusanos siguieron invadiendo las casas. John con su trabajo, sus negocios, con su servicio social a hospitales y orfanatos, siendo popular, incursionando en el mundo empresarial, y en el de la política, con su complejo de obeso y con sus denuncias… y sus aficiones. Otro problema surgió, el olor, John no sabía cómo hacer que desapareciera, o al menos hacerlo tenue.
John: No aguanto este calor, y el olor... ¿Qué voy a hacer? Bueno, lo dejaré por un tiempo…a ver qué pasa. Mañana será otro día.
Narrador: Mañana será otro día…
John: Lo siento, no te pagaré tus horas extras, agradece que te pago tu salario…
Joven apuesto: Te denunciaré…gordo tacaño, marica.
John (controlando su enojo): Bueno, podemos ir a mi casa, ahí te pagaré. Recuerdo que ahí tengo dinero; aparte, quiero estar bien con mis empleados, especialmente con los jóvenes.
Narrador: En la sala de la casa de John…
Joven apuesto: ¿Qué te pasa? Yo vengo por mi dinero.
John: No finjas, si sé que te gusta…Mira, jugaremos un juego. Dame tus manos, sé que no podrás zafarte.

Joven apuesto (estirando los brazos para que John ponga las esposas): Está bien, pero sólo un ratito.
John: Claro, será sólo un ratito.
Narrador: No fue sólo un ratito. El tormento duró horas. El dolor duró horas. Y el hedor fue casi eterno. A las dos de la tarde en el umbral de la casa de John, antes de que éste saliera de su casa hacia un hogar para niños y se transformara en Pogo, con su traje rojo y azul, con sus motas en su traje, con su cara pintada de azul con esa sonrisa macabra, con su enorme vientre abultado, con ese aspecto burdo, vulgar y groseramente temible más que de amigo de los niños, un grupo de personas anuncian su espera.
John (tan amable como siempre y algo agitado): Queridos vecinos, buenos días, ¿necesitan algo?
Vecina: Queremos que nos ayudes, necesitamos arreglar lo de los gusanos que invaden nuestras casas. Supongo que tú tienes el mismo problema.
John (nervioso): Claro que tengo el mismo problema; pero es sólo cuestión de tiempo. Aún así estoy en disposición de ayudarles en lo que pueda. Y los invito a mi boda. Mi segunda boda.
Vecina: Gracias por tu disposición, y felicidades, John.
Vecino: Lo que debemos solucionar es lo de los gusanos, están saliendo de un lugar. Debemos revisar nuestras casas y ser sinceros para ayudarnos.
Otra vecina: Yo ya revisé mi casa, no tengo animales de ningún tipo.
Otra vecina más: Yo igual. No tengo nada que ocultar. ¿Y usted, John?
Narrador: Se fue de Luna de Miel a Hawai. La esposa, con dos niñas, que por suerte no eran niños, de su anterior matrimonio, se hacía de la vista gorda ante las costumbres de su esposo. El segundo matrimonio de John no duró mucho tiempo. Duró más el hedor, parecía que proviniera de un lugar lejano, misterioso…profundo. Mientras tanto, los gusanos siguieron invadiendo las casas…hasta el invierno. En casa, la bomba de agua de su sótano tenía desperfectos, la calefacción hacía que el hedor fuera insoportable. Había salido bien librado de ciertas denuncias, pero ¿y ahora? Los días pasaron y el invierno le hacía pasar momentos en verdad malos a John.

Tocan a su puerta. La policía.
John (solícito): Oficial, ¿puedo ayudarle en algo?
Agente: Sí, tiene una acusación por golpes y por intento de violación. Un muchacho lo denunció.
John: ¡Ah!, ese muchacho es un promiscuo. Sólo lo vi ocasionalmente. No sé más de él. Es más, mi único trato con él era estrictamente laboral. Si llego a saber algo lo haré saber.
Agente: Se lo agradeceríamos.
Narrador: Por suerte hacía un frío fatal, y la calefacción de John no funcionaba, razón por la que la policía no detectó nada sospechoso. John se congelaba; pero gracias a eso, se salvó…Al menos por esa vez… Al día siguiente. Un joven ha desaparecido, es el hijo de los vecinos de John. Las sospechas apuntan de nuevo hacia John. Tocan a la puerta. La policía otra vez. Tardan en abrir.
John (apresurado, sudoroso, nervioso, abre la puerta. Palidece.) Bu… buenas noches.
Oficial: Una familia busca a su hijo, aseguran que estuvo con usted.
John: No he visto al muchacho.
Oficial: Bueno, echaremos sólo un vistazo.
Narrador: John se opone; el oficial logra dar tres pasos y ya en la sala, el olor le hace dudar. Camina. John deduce que el policía ha percibido el olor.
John: Es que el sótano está inundado y todo está mal allá abajo. Sólo es cuestión de que arregle la bomba.

Narrador: El nerviosismo lo delató, al decirles, “el sótano está inundado”, les dijo más que eso. Los oficiales se dirigieron al sótano conducidos por el hedor insoportable. Minutos más tarde, John Wayne Gacy, "El payaso Gacy", como lo bautizó la prensa y la opinión pública, con ese hallazgo, se daba a conocer como uno de los peores asesinos en serie. Encontraron cerca de treinta y tres cuerpos de hombres, de muchachos. Y así, el nombre de Pogo el payaso, de ser representante de labor social y entretenimiento a niños, pasaba a ser imagen de lo oscuro y macabro... Los gusanos no resistieron el frío. El verano próximo, las casas al menos se librarán de los gusanos.

Regresar