Ave Lamia Revista Cultural

Reserva de Derechos 04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año II Número XIII Noviembre 2013

 

El origen del nombre Avelamia
Luciano Pérez

No tuvimos tiempo ni medios para reunirnos en un bar de New York o en un pub de London, así que lo hicimos cerca del Peñón de los Baños, en la casa de uno de nosotros cerca de la estación del metro Romero Rubio, en la segunda sección de la Colonia Moctezuma de la gran Mexicópolis, una tarde de septiembre de 2012. Nuestra encomienda era crear una revista que tuviese objetivos vastos e ilimitados en cuanto a temáticas y atmósferas, que nos permitiera hacer y decir cuanto quisiéramos, además de poder abrirnos a todo tipo de textos y de autores, a los que invitaríamos no sólo a colaborar, sino a que sintieran asimismo la revista como suya, no sólo de los fundadores.

No teníamos idea de un nombre para la revista. Se plantearon varias propuestas y ninguna funcionaba. Al mirar el Peñón por la ventana recordé una imagen que vi en la infancia en un comic que aparecía todos los sábados y del que yo era devoto lector, titulado “Tradiciones y Leyendas de la Colonia”; ahí se contaba cómo en tiempos prehispánicos y coloniales cruzó volando por el Peñón la Llorona, ese espectro que se aparecía en los cielos nocturnos de la ciudad para llorar por sus hijos.

Ella salía de las aguas del Río del Consulado, hoy avenida, y volaba por el oriente, para ir bajando hacia Tepis y aterrizar ante la Catedral, donde se ponía de rodillas para llorar intensamente. Se cuenta que esa mujer mató a sus hijos, y hay también otra versión de que no sólo hizo eso, sino que además se los comió. Pensé: “¡era una lamia!” Fue cuando propuse ese nombre para la revista: LAMIA. Sin embargo, indagamos por Internet que ya había publicaciones bajo ese nombre.

Pero LAMIA era bastante bueno como para abandonarlo. Y mientras se pensaba en algún otro título, mi mente divagaba, y comencé a rezar el “Ave María”, quizá pidiendo ayuda de lo alto, y entonces fue que se me ocurrió cambiar el nombre de “María” por el de “Lamia”, y en voz alta dije: “¡Ave Lamia!” El acuerdo respecto a ese nombre fue total, todos levantamos la mano para votar dándolo por bueno. Así nació el nombre de la revista.

Y así fue como Ave Lamia se echó a volar desde el Peñón hacia todos los mundos y dimensiones posibles, para invitar a todos los amigos y camaradas a que se unieran a nosotros en el viaje. Gracias al empeño y dedicación de José Luis Barrera, a la pericia técnica de Gabriel Rojas, y a la experiencia y locura del que esto escribe, Ave Lamia cumple un año de que inició su vida editorial, y ya se está pensando en celebrar el segundo aniversario en 2014.

PD. Gracias también a nuestra amiga Jacoba Vega, quien, mientras nosotros armamos número tras número en una mesa del Sanborns Altamirano House, en la esquina de Tacuba y Eje Central (lo llamamos así porque en ese edificio estuvo la casa del maestro Ignacio Manuel Altamirano), ella con suma diligencia y gran sonrisa nos sirve una y otra vez café.

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