Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XIII Noviembre 2013

 

Nezahualodo
Tinta Rápida

Cuando en los años ochentas entré a Ciudad Nezahualcoyotl, todavía rondaba por mis venas ese estigma de “chavo fresa clasemediero” de la Colonia Moctezuma. Y si bien yo pertenecía a una colonia popular, la comodidad con que proveían mis padres a mi vida, no me permitía conocer aún la esencia real de un barrio. Fue mi llegada al CCH Oriente, mi posterior visita frecuente al paradigmático Neza y, ya para rematar, mi noviazgo con una bella princesa de la Colonia Juan Escutia, lo que me hizo encontrarme de frente con la realidad: con los chavos banda, las tocadas y los tibiritabara. Me encontré de pronto fuera de mi mundo de baladas y el turno matutino. Estaba en plena Colonia Agrícola Oriental en el turno vespertino del CCH Oriente, rondando entre las ya mencionadas colonias y la Vicente Guerrero y la Tepalcates dentro de mis batallas epicúreas. Pero la inconsciencia del desconocimiento me permitía no tener miedo, de caminar de noche por la calle Nicolás San Juan, de bravas historias sin que nada temiera y por fortuna sin que nada me pasara.

Así conocí uno de los municipios más jóvenes de los 125 de que consta el Estado de México, y que tiene más habitantes que su propia capital, Toluca. Un municipio que como toda zona conurbada con el Distrito Federal pronto adquiere el rostro chilango, y en este caso se mimetizó con las colonias populares y bravas que la circundan. Y muy pronto consiguió arraigarse y ser nombrada más allá de sus límites territoriales. Pocos son los que no han oído hablar de Ciudad Nezahualcoyotl, Ciudad Neza, simplemente Neza, o ya de plano el muy tradicional y chocarrero Neza York.

Para aquellos años de mi juventud nada desenfrenada, conocer aquella zona oriente de la ciudad, era novedoso y tal vez me hubiera resultado temible si no hubiera sido por los amigos que conocí en aquel entonces. Prácticamente las únicas calles pavimentadas en Neza eran las principales: Pantitlán, Sor Juana, Chimalhuacán, Vicente Villada, Nezahualcoyotl, Carmelo Pérez, Tepozanes y algunas otras más. Las restantes eran de terracería, por lo cual adquiría el mote de Nezahuapolvo o Nezahualodo, según fuera la época del año.

Para llegar de visita con mis amigos, tenía que tomar en el paradero de la estación Pantitlán los destartalados camiones verdes llamados chimecos hacia Palacio o Perla – Reforma. Entonces descubrí que Ciudad Neza está tan bien diseñada, tan cuadradita, como alguna vez nos explicó el arquitecto Jorge Legorreta (q.e.p.d.) comparándola con el desmadre urbano que es el próspero Santa Fé, que no es posible perderte; tal vez te asalten, te maten, te descuarticen, o de plano te estampes en un chimeco, pero perderte, imposible. Le decían “la ciudad del cambio” y los lugareños burlones como sólo un mexicano lo sabe ser decían que era porque sólo había cambio y no billetes en Mi Nezota.
Mis amigos ceceacheros me tenían que aleccionar sobre los riesgos de Neza, porque de plano me veían muy ingenuo, muy verde para andar por aquellos parajes cuasi endemoniados. Me advirtieron sobre el riesgo de tomar transporte público en los días de tocadas, porque la banda se ponía loca y agarraba cuanto camión se topara y “les bajaban” sus pertenencias a camionero y pasajeros. Y aunque años después, ya un poco más consciente, advertí que anduve por calles verdaderamente riesgosas ya de noche, entiendo que de verdad mis amigos o mi Ángel de la Guarda, o ambos por igual me supieron cuidar muy bien.

Cuando yo conocí Neza, los habitantes eran casi en su totalidad aficionados a las Chivas Rayadas del Guadalajara, pero fue en el torneo de verano de 1997, cuando se dividieron las pasiones, o más bien muchos tuvieron que “voltearle bandera” al rebaño sagrado, porque los Toros Neza llegaban a la final justamente contra el Guadalajara. Toros Neza, que por su parte se había adueñado del cariño de la afición, tal vez por haber sido el equipo más pintoresco en la historia del futbol mexicano, quienes tomando por suyos el espíritu de Neza York, se rapaban o pintaban el pelo como cualquier chavo banda o de plano salían en la foto del partido con máscaras de jalogüin. Un equipo aguerrido en todos los sentidos, de tal forma que incluso antes de la final mencionada, se dio una monumental bronca contra la selección de Jamaica.

El estadio de Neza 86 fue sede del mundial de ese año y ahí mandaron a Dinamarca, según se dijo, por si querían aparecerse los Hooligans daneses, a ver si se atrevían a ponerse con los de Neza. Y también fue casa de los Potros del Atlante, quienes querían reavivar su mote del equipo del pueblo, pero no tuvo tanto arraigo como los Toros Neza, pues en Neza no cualquiera entra y se arraiga en el ánimo de los lugareños.

Una película que por su parte sí logró ese arraigo fue la de Warriors de Walter Hill, de 1979, que caló hondo en el espíritu rebelde de Neza. Los grafitis así lo hacían saber, la mítica película se trasladaba de Nueva York a Neza York.
En fin, que Neza en sus cincuenta años ha logrado una fama que pocos han logrado en muchos más años. Desde ser el cinturón de miseria a ser el lugar bravo que compite con Tepito o Iztapalapa por los titulares de la nota roja, este sitio popular del que pocos sienten pena de pertenecer a él. Donde la consigna es ser como Juan Camaney (Bailo tango, masco chicle, tengo viejas de a montón, tururú), y como buen municipio con alma de barrio, en Neza hacen de la leperada y el albur su lengua natal, y que van tan bien al humor ácido y negrísimo de todo lugar popular y folklórico como este Neza, Neza York, o Nezahualodo, o como mejor les guste a ustedes.

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