Ave Lamia Revista Cultural

Reserva de Derechos 04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año II Número XIII Noviembre 2013

 

Resurrecciones (5 minificciones)
Mariana Vega

Delete

"Quisiera terminar con todo, empezar de cero y hacer las cosas de manera diferente". Eso dijo y pulsó la tecla ELIMINAR para borrar la obra que había escrito. El cursor corrió rápidamente eliminando letras, palabras, párrafos, páginas... Y al terminar, siguió con los dedos, la mano, el brazo, el torso, la silla, la mesa, la alfombra......


Canonícelo
Cuando la niña estornudó 3 veces seguidas, el demonio Bael tuvo que aferrarse a la punta de su lengua. Pero salió expulsado durante un ataque de tos. El exorcista, incrédulo, colgó los hábitos a la mañana siguiente, y solicitó canonización para el virus de la gripa.


En el techo
Vueltas, vueltas. No dormía. Los vecinos arriba caminaban de un lado al otro sin dejarle conciliar el sueño. Lo intentó. Pasos lentos, veloces escuchaba. Un palo de escoba serviría para golpear el techo. Encendió la lámpara de noche y el corazón se le detuvo. Sobre el techo, el hombre obscuro, sin rostro de largas piernas y sombrero de copa, de golpe detuvo su andar.


Yo confieso
Se dirigió al confesionario en la iglesia vacía. Sus pasos, resonando cual eco de los pecados tras su andar, le introdujeron en la sencilla caseta de madera donde se arrodilló.

"Ave María Purísima..." murmuró la voz del sacerdote al otro lado de la rejilla.
"Con pecado concebida..." respondió aquél, ocultando bajo su gabardina el filo de la cola que le asomaba sin vergüenza.


Los duendes
Desde niña me contaron que los duendes existen. Los busqué por los rincones de la abuela, entre las pulgas del perro y hasta en las ollas polvosas de la cocina.
Ahora sé dónde han estado escondidos desde entonces. Me lo dicen las canas, las arrugas en las manos y el desgaste de mis huesos... No es la vejez, es que ellos están ocultos en mi cuerpo y en mi cabeza. Son ellos los que susurran, los que confunden mis ideas, los que borran los recuerdos...
Y son ellos también los que a hurtadillas y en pequeños sorbos se beben mi existencia.

Regresar