Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XIIII Diciembre 2013

 

La piñata
Leticia Vázquez

…Apenas estaba enfriándose el cuerpo, hallábase en una alfombra de sangre. El asesino tenía suerte de vivir solo. Limpió todo y escondió el cuerpo en el baño. El visitante había venido caminando, de manera que nadie sospecharía que jamás salió de la casa. Sin prisas y sin preocupaciones, con la agenda de la víctima en mano. Después de varias horas empezó a cerciorarse de que hasta el momento ningún conocido de la víctima sabía de su paradero.

Una maestra cuenta la historia a un grupo de niños de tercer grado de primaria: “ Su origen es un poco dudoso; se dice que los españoles, tomándola de Italia, la trajeron a México, de ahí que la palabra original sea “PIGNATA” —escribe en el pizarrón— y pase al español, “PIÑATA”. Otros dicen que es originaria de China, y fue llevada a Italia por el navegante Marco Polo, después les hablaré de él. Aún así, los mexicanos la sentimos muy nuestra y le hemos dado un toque especial que nos representa en todo el mundo.

Estaba ya en casa, era tarde. Observaba por su ventana como lo hacía casi todas las tardes y las noches. Era una calle tranquila, ni los problemas de las familias salían de sus casas. Hasta el asesinato había sido discreto. Vio pasar a su vecino de enfrente, el que hacía piñatas, vivía solo; pero no igual que él. La diferencia era que el primero vivía solo y él estaba solo…En eso pensaba cuando de pronto se le iluminó el rostro y se puso a trabajar en su plan.

El artífice tenía su bodega en otra parte de la ciudad, en su casa hacía pedidos especiales y le avanzaba al trabajo en ocasiones. Su casa estaba enfrente de la del solitario, éste decidió espiar al vecino hasta saber exactamente la manera en que trabajaba, e incluso, lo siguió hasta la bodega.

En dos días ya sabía cómo trabajaba su vecino: una vez terminada una piñata, no volvía a tocarse, él mismo introducía los dulces que los clientes pagaban por anticipado. Había veces que el trabajo lo terminaba en su casa y lo llevaba a la bodega.

Ahora, en su cama meditaba, ¿cómo le haría para apoderarse de una piñata que ya no volvería a abrirse hasta que estuviera suspendida de un mecate y un palo la golpeara?

Al tercer día decidió que era hora de dar fin a su plan…Lo más fácil era ir al lugar y ahí mismo ponerse a introducir todo en varias piñatas, todas ideales para posadas…Así lo hizo. Estaba en la bodega, eran las once de la noche, nadie se dio cuenta. Una hora después ya estaba camino a su casa.

La tradición en México consiste en romper piñatas durante las posadas que fueron utilizadas por los frailes para evangelizar a los habitantes de la Nueva España durante la conquista. Estas posadas se hacen nueves días antes de Navidad.

Ellos van a quebrar una piñata, la maestra dice la fecha: 19 de diciembre; ponen las condiciones, todos se alegran.

Tres días después, frente a la piñata, todos estaban felices. Comieron, se divirtieron y después, era la hora de romper la piñata. Inició una niña, pegó; pero no rompió mucho, como sucede casi siempre. En el sexto niño, ya empezaban a caer dulces, los niños se acercaban y levantaban los dulces del suelo. Eso les daba alegría. Seguían golpeando, gritaban, cantaban, se escuchaba la música, reían, estaban felices.

Se escucha un grito, después otros niños vieron y gritaron, y como hay un momento en que ya todo se viene abajo debido a los golpes, ahora todos gritaban, pues se dieron cuenta de su recompensa, dulces de la rosa, silbatos, serpentinas, monedas, miguelitos, paletas…vísceras y piezas de cuerpo humano…Gritos y llantos.

La labor de la maestra fue calmarlos. Ya tranquilos, limpiaron el lugar por orden de su maestra y siguieron la posada con los intercambios de regalos. Después se fueron a sus casas.

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