Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XIIII Diciembre 2013

 

Playboy: 60 años debajo del colchón
José Luis Barrera

Si para un joven absolutamente hormonal de los años ochentas al que hasta la palabra sexo le tenían restringida en casa (más por mamá que por papá por supuesto), la famosa “revista del conejito” era la tierra prometida (o en términos más exactos la piel prometida), es posible imaginarse a los jóvenes y no tan jóvenes que veían por primera vez esta publicación “para caballeros” en aquel lejano diciembre de 1953. De hecho la portada no tenía más atractivo que Marilyn Monroe, en una foto no muy bien lograda y la que no prometía ver muy atrevida a la diva boba hollywoodense.

De hecho durante su primera década Playboy no mostraba más de lo que en la actualidad muestran en cualquier anuncio publicitario callejero más o menos atrevido. Poco a poco fueron mostrando más, desde desnudos muy discretos hasta el desnudo frontal ya cercanos a la década de los setentas. Pero aún con haberse ido haciendo más atrevida al pasar de los años, hace algunas décadas se había visto rebasada por otras revistas ya de corte más tendiente a la pornografía, y en la actualidad ya de plano no compite con el internet. Sin embargo sigue en circulación por aquellos que aún no tienen acceso a internet o son amantes fieles de la publicación en recuerdo a su primer educador sexual. Yo por supuesto me encuentro en los segundos, aún detestando el sobreuso del fotoshop y la predilección del editor por las mujeres rubias, por eso me guardo mi dinero para ver ediciones verdaderamente especiales, razón por la cual mi colección dista de tener la cantidad que llegué a tener en los ochentas.

Ya desde niño empecé a conocer las revistas de “mujeres encueradas” (porque decir simplemente desnudas le quitaba sabor). Recuerdo las revistas en el tambor de la litera de un primo mayor que yo, las cuales descubrí en aquellas prolongadísimas reuniones familiares en donde me mandaban a dormir. Pero mi corta edad, mi falta de dinero y mi falta de valor no me hacían posible tener las mías propias. Hasta ya cercanos mis 20 años pude comprar mi primer tesoro carnal, mi primera revista debajo de la cama, el escondite más tradicional y por tanto previsible que podía existir.

Antes de esto sólo tuve la oportunidad de ver mujeres más o menos desnudas en El libro vaquero y en el periódico La Prensa. El máximo suceso fue cuando mi padre llevó un periódico de nombre El Figaro, entre los diarios que llevaba cotidianamente, suceso que después de los años intuí que no fue tan accidental. No recuerdo qué tan desnudas vi a las mujeres, pero para mí fue un acontecimiento, hasta que en algún momento pasó por la aduana moral de mi madre, y ya para cuando llevé a un amigo a ver mi hallazgo, la mencionada publicación ya no existía y era seguro que hubiera terminado en el holocausto de las publicaciones prohibidas, que era un calentador de leña que tenía mi abuela.

Así bien, cuando la prohibición generaba deseo al otrora adolescente, el que una maestra de secundaría nos prohibiera ver la sección de mujeres en el libro de educación sexual, sólo porque traía el dibujo de una niña desnuda, nos hacía futuros consumidores de la mítica revista fundada por el también mítico Hugh Hefner, en aquel lejano 1953 en Chicago, Illinois. Playboy entraba al quite por la mala orientación sexual ocasionada por una moral ramplona. Así, Hugh Hefner aprovechó muy bien esa moral para generar el deseo por tener una revista de estas.

Cuando Hefner sacó el primer número de la revista no le puso fecha porque nunca pensó el éxito que iba a tener con esta publicación, y sí, la censura fue su mejor impulsora y la que le ayudó al éxito que lo hizo multimillonario rodeado de un sinnúmero de bellas mujeres y con un estilo de vida absolutamente mítico.

La mansión Playboy se convirtió en paradigma de “desenfreno elegante” y de altos vuelos, de la que pocos realmente sabían lo que ahí sucedía. Y los muchísimos que no sabíamos el acontecer dentro de la lujosa residencia, nos conformamos con ver a las sirenas del magnate totalmente desnudas en su revista. Cada noche y en cada ida al baño estas musas desnudas nos hacían compañía.
Con 60 años en circulación, la revista otrora atrevida y ahora light, sigue apareciendo mes tras mes en los puestos de revistas, pero su venta va cada vez más de caída, primero por la competencia, y segundo porque con la tecnología actual ya puedes echarle un ojo a las fotos por internet para saber si no te vas a llevar un chasco como los que suele dar Playboy. Ahora ya sabes si vale la pena ir a gastar tus cincuenta pesitos para ver a la “musa del centerfold” en poses sugerentes y mostrando todos sus encantos sin pudor.

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