Ave Lamia Revista Cultural

Reserva de Derechos 04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año II Número XV Enero 2014

 

De todo un taco
José Luis Barrera

La tortilla es una herencia ancestral que ha sobrevivido a los tiempos modernos, gracias a la versatilidad de que hace lujo: ya sea en tacos de barbacoa, carnitas, cabeza de res –ojo, lengua, cachete, sesos–, al pastor, o simplemente de nopalitos. O bien las deliciosas quesadillas o dobladas de queso, flor de calabaza, huitlacoche, chicharrón o picadillo. En forma de enchiladas de mole, verdes o rojas. O para remedio de los post borrachos (crudos) como chilaquiles. Y qué no se puede decir de las tostadas de pata, tinga, o únicamente con crema para acompañar un rico pozole. Por supuesto que no se deben olvidar los tacos de canasta y sus problemas de identidad, ya que siendo tacos realmente parecen quesadillas.

Por eso, ni los cambios alimenticios de los mexicanos por la penetración gastronómica de otros países –de la alta cocina a la comida chatarra–, ni su cada vez más deteriorada imagen nutricional (no han inventado una versión light), mucho menos las constantes alzas del precio han logrado vencer el consumo de este alimento tradicional de nuestro país.

Aunque los establecimientos para su elaboración y venta, conocidos como tortillerías, tienen su existencia en los barrios populares de clase media y baja, su influjo llega hasta las clases altas, que no se niegan al placer de disfrutarla en cualquiera de sus modalidades, lo mismo en su casa, que en puestos semifijos de tacos o “garnachas”, o en restaurantes típicos. Tal es su popularidad, que en cualquier moderna tienda de autoservicio se encuentran cinco o seis presentaciones de tortillas, desde la recién hecha, hasta las empaquetadas para su posterior calentamiento en el hogar, o hechas tostadas, y en cualquier parte del país se pueden encontrar elaboradas a base de maíz o de trigo; pequeñas para los taqueros, o grandes como las famosas tlayudas o totopos oaxaqueños, blancas o prietitas; caseras o industrializadas.

En fin, la tortilla aunque se está quedando sin su compañero prehispánico, el pulque (que ya es bebida snob), todavía se defiende de los embates de la modernidad y de los nutriólogos, amén del creciente precio; aprovechando los magros triunfos deportivos, los escándalos políticos o el final de alguna telenovela de lágrima fácil. Y aunque cada vez sube más que el salario mínimo, la tortilla seguirá siendo la base de nuestra alimentación, aún cuando la sigan culpando del sobrepeso de los mexicanos cada vez más sedentarios.

“De lengua me como un taco” mientras “me echo un taco de ojo” y le “echo mucha crema a mis tacos”. Porque “en la forma de agarrar el taco se conoce al que es tragón”.

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