Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XV Enero 2014

 

El puerto
Aldara Cabrera

El aire le susurró al oído mojando su oreja; el mar se ubicada justo del lado del corazón, y un mundo tan lleno de ruidos como de silencios rellenaba la tinta de su pluma.

La plaza estaba repleta de personas, dispuestas en parejas, jugando a perseguirse los pies a ritmo de danzón. Mientras ellos jugaban, un perro negro cruzaba soberbio por el centro de la Alameda. Máquinas de vapor, marimba y risas trataban de llenar el profundo vacío que habitaba en el interior del observador.

Dos amantes se sentaron en una banca de metal junto al perro que se había echado frente a la Catedral. Y luego de entregarse un eterno espacio de caricias comenzaron a alejarse sin dejar de verse a los ojos.

Una separación forzada en un diminuto instante componente de toda una vida, estaba sucediendo frente a los ojos del observador.

A pesar de ser observados, en esos momentos sólo ellos dos saben que existen. No necesitan de palabras ni de todo ese ruido para saberse cerca. Una última mirada, se dan la espalda y caminan, cada quien por su lado, pero asumiéndose dentro de la existencia del otro, traspasando las barreras del espacio y del tiempo, volviéndose etéreos, marcando su estancia en la eternidad del recuerdo.

En su historia estos amantes han sobrepasado las teorías matemáticas que reflexionan sobre el imposible encuentro entre dos líneas paralelas. Ellos saben que aunque sus líneas no se junten, mientras su amor se mantenga como puente, éste terminará por ser el que impulse, quizá imperceptiblemente, el salto hacia un nuevo camino en común.

Nuevamente el aire tibio y chispado de mar sorprendió al observador, pero esta vez él se percató de que sin querer había mojado el papel sobre el que escribía. Fue entonces cuando notó que mientras veía a aquellos amantes se había estado mirando a sí mismo frente a un espejo; queriendo revivir el sentimiento de saberse amado, aunque estuviera reviviendo al mismo tiempo todos los momentos que en un pasado le hicieron mojar diferentes sábanas y tantos cuadernos.

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