Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XV Enero 2014

 

Escorpión
Claudia Contreras

Milenaria la vida que dejo atrás:
amores,
calenturas;
¿Quién dice que un ser como yo no ama, coge, o sufre?


Soy el más antiguo de mi especie, un habitante del desierto; he transmutado para atravesar el tiempo sin dejar huella de mi existencia. Soy un primitivo sentido de la vida, un animal que ha probado lo mismo un coño bien lubricado, que una boca ansiosa, unos pechos erguidos y amantes, o un falo erguido, lechoso, y llameante; he sabido lo que es tenerlo adentro, sentir su acometida, su roce; he sentido el impulso de apretar y apretar, y comerlo como si fuese un caramelo vivo; por ello, veo natural ascender al siguiente nivel: el canibalismo. ¿Cómo saber del otro, sin comerlo?

Fue casi fortuito descubrir esta valiosa práctica. Nací bajo el signo de Escorpio, mucho antes que Plutón fuese rebajado a menos que un planeta. Luché armado contra grandes imperios –visigodos, árabes, romanos–. A lo largo de mi vida encontré en sus cuerpos desahogo, saciedad, cobijo y sexo; un sexo lleno de vertientes, moldes, expresiones; de flores del desierto que al ser acariciadas se mojan como pequeñas almejas, como queriendo decir: – “Come” – ¡Y lo hice!

Por mucho tiempo, de muchas formas, poderoso al tiempo que evitaba ser reconocido, hombre la mayoría de las veces porque que las mujeres en esos tiempos sólo eran objetos sexuales, incubadoras o putas – comí y comí, y luego devoré. ¿Cómo saciar esa hambre recién descubierta? Con carne: de hombre, mujer, o de ambos; carne que sacia el hambre característica de mi signo: Escorpión. Me como el sexo de a poco; primero lo mojo, lo aderezo en su propio jugo. Siento la llegada de su pequeña muerte, y me espero a encontrarlo indefenso, rendido. Es entonces cuando mi lengua succiona y se queda en ellos… para siempre.

Debo confesar que si me atraparon fue por mi afición a los horóscopos impresos y a mi nueva transmigración en mujer, y por la carta que tuve a mala hora escribirle en mi último banquete:

“Supe que llegarías porque mi signo zodiacal lo predijo claramente: Hoy, cambios en tu vida: un nuevo derrotero; viste de rojo, usa plata, maquillaje discreto,y atraerás la suerte. Y mira, aquí estás: Hermoso, joven, justo como una Escorpión querría. ¿Tu signo es Cáncer? ¡Perfecto! Somos afines, ambos signos de agua. Sé que entenderás mi pasión. Porque me equilibras, sabrás que es mi naturaleza animal la que me lleva de un cuerpo a otro, buscando la perpetuidad y el canibalismo ¡Antropófaga feliz! Te beso y tus labios no responden; te abrazo y tu cuerpo laxo me rechaza. ¡Cariño! ¡Aún no cumplimos nuestro destino! El Zodiaco menciona más y más sorpresas. ¡Qué delicioso eres, querido mío! Tu piel es suave y tersa, resbala entre mis labios y se desliza dentro de mi garganta, ¡Mmmm! ¡El horóscopo nunca se equivoca! Conocerte revela mi verdadero yo ¡Cuánto te amo!”.

¿Quién dice que la cursilería no tiene costo? Ya les decía al principio: amo, cojo y sufro. Y la verdad es que ese hombre era un hermoso carnero de aroma suave y carne blanca, un banquete digno de costarle la vida hasta a un monstruo…como yo.

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