Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XVI Febrero 2014
Editorial

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Tres textos Lilith Le chanson du le mort


Esta semana colgué las alas en el perchero para siempre. Ya sin ellas, cerré los ojos y salté.

Caí todavía ilesa, convertida en mujer. Venía envuelta en un vestido que enseguida fue rasgado por las miradas tiernas de algunos adolescentes.

He descubierto que incluyo accesorios: pestañas largas, pies pequeños y manos adorables.
Estoy llena de rubores y latidos rápidos que saltan en mis venas. Se activan cuando escucho las voces graves y dulces que me prometen volver al cielo del que he caído, sentada en las banquitas de diversos parques. Entonces abro y cierro los ojos como muñeca para arrullar. De mi vida pasada todavía conservo cierto quebranto. Intuyo que me enseñaron a desconfiar.
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Soberana del presente eterno abraza mi cuerpo con tu lujuria desata el sismo que traga piedra y la escupe
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El teléfono aún está sobre su oreja, y la canción continúa. El Sr. Morsten esquiva a aquellos que tratan de detenerlo y va hacia un ventanal. Repite el ataque contra su propia cabeza, aún más intensamente, aún con más rabia.
– ¡Agárrenlo!
Con la cara ensangrentada y desfigurada, el hombre toma una silla y la lanza contra el cristal. El estrépito de la ventana destrozada es opacado por los alaridos de aquellos que ven al Sr. Morsten atravesar ese halo de vidrios arañando su cuerpo y lanzarse por él, hasta ensartarse en una barda de lanzas. El teléfono se escurre de su mano, al fin, para caer y destrozarse contra el pavimento, en un charco de sangre.
–¿Han visto eso? ¿Lo han visto?

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Manuela Balada de la loba Poema
Si el amor existe y no es costumbre, jamás volveré a pisar un gargajo. Entonces deduje que era puto. Y en busca de la paz interior me acosté con hombres. De entrada, literalmente mande a la verga los besos, me raspaba su barba. Ellos eran igual de falsos que las mujeres, con la desventaja de que estos güeyes sólo tienen dos hoyos que lubricar y aquéllas tres. Además, en lo hondo de su corazoncito tenían la misma diarrea acerca de la vida en pareja, el amor y otras chingaderas.

Aprendí que no existe la gran verga, la verga vengadora. Quizás el mayor atributo sexual es el tacto, ante el cual, hasta el miembro más dotado se reduce a una víscera pequeña y sin gracia.
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“Estaba yo muy cansada y todavía borracha como para estar peleando, así que decidí negociar, por lo que le dije al maldito muñeco:
“De acuerdo, te quiero. Ahora regrésame mis zapatos”. Claro que este “te quiero” fue dicho sin ninguna convicción, nada más para salir del paso, y por supuesto que no había intención por parte mía de querer a ese estúpido juguete de ventrílocuo, tan feo que estaba.
Él, irónico, dijo: “Entiendo que no me quieras, aunque lo hayas dicho. De hecho es como si no me dijeras nada. Pero no importa, de todos modos lo dijiste, aunque haya sido a la fuerza.
Te devolveré tus zapatos. ¿Cuáles quieres primero?”
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Cada punta de sol es una bruja
que se divierte sube y baja por los tejados
y no hay más cornisas donde pueda violentarse
para esas turbonadas que la depositan en el pavimento

En los espacios oscuros
las brujas crecen a puños el hambre bajo los puentes y todas ríen de ser maravillosas
Sobre las plazas de armas
donde las brujas fueron quemadas traspasadas escupidas y quemadas
estoy detenido abotargado rodeado por el humo de cigarros que dibujan mi nombre sobre las paredes humedecidas cada noche por orines
hasta formar el charco que somos en esta ciudad
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