Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XVI Febrero 2014

 

Epitafio
José Luis Barrrera
(De Memorias Dipsómanas)

Yo que soy el que ahora está cantando
seré mañana el misterioso, el muerto,
el morador de un mágico y desierto
orbe sin antes ni después ni cuándo.
Jorge Luis Borges

 

Antes de condescender a mi inexorable destino, quiero navegar por el Leteo. Beber de sus aguas. Ayunar de neuronas en su tinta. Limpiar de residuos las grietas de la memoria. Borrar, al final del laberinto, las lunas menguantes de mis sueños, la lúdica infancia, la amarga adolescencia y las adolescentes amargas.

Que no aparezcan en mi sueño definitivo las "vampiras sáficas" (precursoras de la duda), o el "consejero de duendes" que quiere mi sangre en sacrificio. Quiero un mármol libre de recuerdos: de abrazos fraternos a denostados encuentros, de cuentos infantiles al doloroso existencialismo, de mis padres y de su muerte.

Volver al origen de los conceptos, sin batallas perdidas ni hedónicas victorias. Antes de "Lucifer" y "el gato verde", del deseo y de la "Santa Muerte", de los sueños de Nierman y mi resurrección en el país del entierra perros. Que la última gota en la clepsidra provenga del mismo río por donde transitará mi balsa. Un limbo: desde mis primeras fantasías diseñadas con cuidado materno, hasta la primera niña caprichosa, el primer judas y el primer aquelarre. Desde las descalzas bailarinas a go-gó y las trapecistas del circo, simiente de mis perversiones. El descubrimiento del erotismo y la precocidad del onanismo.

El misterio de aquellos ojos azules: génesis de los misteriosos senderos femíneos. Los buitres de mi juventud. Las llagas purulentas de la madurez. Nada de musas y obscenidades en mi morada infraterrestre. Que el pequeño necrófilo se alimente sólo de materia. Quiero, cuando sea preciso, descansar por completo de la vida. Librarme de pesadas misantropías. Viajar sin fastos a la dolce far niente de la muerte.

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