Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XX Junio 2014

 

La Nela
Leticia Vázquez

–¿Dónde estás, Nela? Turu-ru, turu-ru. Otra vez. Turu-ru-turu-ru. Y no ladró. No encontraba a mi perrita. Fueron horas de angustia y culpa. Creo que así sienten las madres que pierden a sus hijos.

Me extrañaba no encontrar a La Nela, si yo la cuidaba bien. Tuve la culpa por dejarla salir a la calle.
–Un ratito nomás-, le dije, pero no volvió.
La perrita era corriente pero bonita, color marrón, cachorrita de un año. Tendría que aparecer. Así duré el resto del día, esperando que regresara.
*

Nadie me entona y todas la viejas de por aquí ya están paridas. Quiero una mujer buena, que me atienda, yo la defenderé. Voy a ir a la pary del sábado, chance y pesco algo, eso de “tiene 23 años y está igual de solo que su perro”, neta que me chinga el alma". Ni modo, por mientras ir al jale.
*

–¿Ora qué traen, ustedes? gritadera que tienen, parece que los están matando.
–Pues la que va pasando, mi Menny, a' i éste la vio y no ha dejado de ladrar, me cae que se la quiere tirar. No se ve muy grandecita; pero el hoyo es el mismo. A parte nomás es pa' un ratito.
–No, no la chingues, ya vamos a trabajar.
–Anda, hombre, el Rocky no es como tú.
–Tú también vas a empezar. Claro, como usted está manteniendo a tres que no son suyos.
–Hombre, pues allá yo con mis bastardos…Mira, que El Coque vaya por ella, nadie la va a extrañar, al cabo que después la regresas a la calle. Necesitas más perritos para cuidar el tanichito, como le dice tu jefa. Usted también ya consígase a una viejota. Es más, si quieres nomás le haces un niño, si quieres ni te cases.
–No, hombre, yo quiero a una que me cuide y que le ayude a mi amá en la casa.
–Pues cada quien… nomás piénsele. ¿Qué, vamos por la perra?
*

–¿Dónde estará la perrita? Inquirí preocupada. Mi madre, siempre atenta a todo, me dio ánimo con su sola presencia y su voz, bálsamo para el dolor físico y emocional.
–No, pues ve y búscala otra vez. En una suerte y la encuentras, ándale, está muy bonita. Ya hasta me la habían pedido para unos perritos.
*

–No, no la encontré. Ya se nos perdió. Eso me pasa por no salir con ella.
*
El taller, que servía como fuente de empleo a diez hombres, hizo un alto a sus actividades, sólo cinco de ellos miraban, los demás preferían salir a estirar las piernas, o despejar la mente por media hora.
–Eso, eso, cóchatela, dale duro. Eso le pasa a la pinchi perra por morderme.
–No hombre, ¿15 minutitos? ¿Y usted pa´ cuando, mi Menny?
*
–Ven Rocky, hora de la hartazón… Y la perrita?
–A esa no le des, que no les cueste.
–Sólo por esta vez.
*

–No quiero perras ni perros aquí– dijo la madre del ya experto mecánico –, quédate con un perrito y los otros regálalos o véndelos.
Era raro, la señora, era una de esas mujeres que ya de viejas son cabronas, precisamente porque las hicieron cabronas, el esposo la golpeó durante 20 años, ya de vieja ni se le arrimaba, ya estaba viejo y no podía hacer nada, sólo quejarse.
Con razón a la perrita nunca le dio cobijo.

Y así pasó la perrita tres meses, hasta que tuvo a sus cachorritos. Después de malcomer y mal dormir sobre concreto frío, la echaron.
–Órale, ya hizo lo que tenía que hacer; ahora a chingar a su madre, dijo el amigote, después de finalizar la jornada en el taller
–Sólo espero pronto conseguirme una mujer que también a mí me de hijos, y me atienda y esté guapa y le ayude a mi mamá en la casa. Pero esa sí se va a quedar siempre aquí. Para el próximo año van a ver cómo sí me caso.
*

La perrita recordó el camino. Estaba oscureciendo y así la echaron. Es más, ni pa' la leche se la quedaron. –Aquí nosotros les damos.
La echaron de noche pero recordó el camino.
*


Ya estaba oscuro cuando llegó a la casa, con lloriditos se hizo notar, esta casa la había adoptado un año…y tres meses atrás.
–¿Nela? Pásale, mira nomás cómo vienes, ¿dónde te metiste?
*

Yo dormitaba cuando mi madre espantó mi sueño.
–Mira, levántate, La Nela ya recaló a la casa. Acaba de llegar, iba a cenar y la escuché. Está toda galga y sucia. La dejé en el patio y ya le di de comer. Ándale, vamos a verla.
*

La vi y mi primera impresión fue que no la quería. Mi madre, una mujer buena, práctica y lista, no dejó que se fuera a otra parte, aunque después se quejaba de las mañas que agarró en donde después supimos que la tenían secuestrada y ultrajada.
Cuando la íbamos a bañar, trató de atacarnos, no sabíamos por qué, ¿se había olvidado de nosotros? Con buenos tratos la tranquilizamos, masajes primero en la pancita hasta llegar a las orejas.
No fue tan difícil hacer que dejara de comer sus heces, con buenas sopas todo se solucionó.
*

Nos dimos cuenta de que había tenido sus cachorritos, tenía las tetillas crecidas y la llevamos al veterinario.
– Abusones y encima de violada, me la regresan hambreada y maltratada. La situación estaba entre la alegría y la rabia. Una perrita violada. ¿Quién se lamenta de eso? Pues hay quienes no lamentan mujeres violadas y muertas arrojadas al canal, en el desierto o en las periferias. Para mí era la misma chingadera.

– Haz que se mueran los perritos–, le dije a mi hermana, que no sé a quién le pedía, pues no es católica. Tú tienes ese don, pides cosas y se te conceden. Ella nada más se rio, ni cuidaba a la perrita.
Los animales, de cierta manera nos representan, nosotros tenemos instintos, seguimos siendo animales, aunque los psicologuitos digan que no, los imbéciles.

Mi hermana se rio y mi madre le rezó a San Agustín, así como le había rezado para encontrar a La Nela.
Yo hice una promesa. "Juro que voy a investigar quién la tenía, y al perro, lo mato".

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