Ave Lamia Revista Cultural

Reserva de Derechos 04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año II Número XX Junio 2014

 

México en 1914
Luciano Pérez

Los que fuimos niños en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, tuvimos abuelos que nos platicaban de los heroicos y terribles días de la Revolución en México. Cientos y cientos de hechos bélicos desde que se inició la lucha en 1910 hasta los tiempos cristeros, nos fueron descritos por quienes, habiendo sido testigos y contemporáneos de lo ocurrido, trataban de hacernos entender, a nosotros sus nietos, lo difícil que fue la vida entonces, comparado con la existencia cómoda y postrevolucionaria que llevábamos. La Revolución había ganado, el PRI gobernaba, las cosas parecían ir bien, pero mi abuelo materno me hablaba con más admiración de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta que de los que finalmente triunfaron.

Y bien, si recreamos cómo era México hace cien años, en plena Revolución, nos daremos cuenta que se vivía un momento difícil en extremo. El 2 de abril de 1914 desembarcaron en el puerto de Veracruz, como lo habían hecho ya en 1847, la marina y el ejército de los Estados Unidos. Al parecer el presidente Huerta, seguramente por briago, había ofendido a la bandera yanqui, y el embajador gringo se quejó de ello ante su presidente, el pacato Woodrow Wilson. Éste sintió que ya era el momento de apretarle las tuercas al insolente. Recordemos que Huerta se había hecho del poder en México mediante un golpe de Estado, donde fue asesinado el presidente legítimo, Francisco I. Madero.

Wilson no dijo oficialmente que por el insulto a la bandera fue que ordenó el desembarco de las tropas estadounidenses en Veracruz, sino declaró que le parecía mal el que gobernase nuestro país un asesino. Sin embargo, ya había transcurrido más de un año de que estaba Huerta en el poder, y el presidente gringo no había hecho nada a ese respecto. Así que tuvo que haber tomado más a pecho el insulto a su lábaro de las barras y las estrellas, que el asesinato de Madero.

Al mando del almirante Frank Fletcher, la flota yanqui bombardeó el puerto jarocho, y desembarcaron las tropas. Pero éstas encontraron resistencia por parte de los cadetes de la Escuela Naval, al mando del comodoro Manuel Azueta. La lucha fue sangrienta, pero como siempre, el ogro gringo se impuso a los nativos. En la refriega murieron, entre otros muchos, el teniente José Azueta, quien a pesar de estar mal herido se negó a ser atendido por médicos del enemigo, así como el cadete Virgilio Uribe. Veracruz no pudo resistir mucho, y se rindió; los gringos permanecieron en el puerto hasta el 23 de noviembre de ese 1914.

El general Frederick Funston estuvo al mando de la fuerza de ocupación en el puerto. Un amigo suyo, el entonces capitán Douglas MacArthur, quien más tarde se haría famoso durante la Segunda Guerra al ser el comandante supremo que le hizo frente a los japoneses en el Pacífico, fue enviado a México para una misión secreta encomendada por el estado mayor yanqui.

Se trataba de que valorara la posibilidad de que los Estados Unidos le declarasen formalmente la guerra a México y lo invadiesen. MacArthur indagó, evaluó, investigó, y llegó a la conclusión de que sería excelente que se le declarase la guerra a nuestro país.

Pero otros acontecimientos estaban ocurriendo. La invasión extranjera a Veracruz era contra el régimen de Huerta, así que Venustiano Carranza y otros jefes revolucionarios no podían oponerse a ella. Pero sí podían organizar un ataque total contra el usurpador, y así fue como desde el norte el ejército de Francisco Villa llega a Zacatecas y le pone cerco en junio de 1914.

Con el general Felipe Ángeles como su estratega y conductor de las operaciones, la célebre División del Norte atacó la ciudad minera y la tomó a sangre y fuego el 23 de junio, en uno de los más famosos encuentros bélicos de la Revolución. Esta toma de Zacatecas fue decisiva, pues quebró el espinazo del ejército federal, y dio inicio la debacle del régimen huertista. El tlatoani briago Victoriano huyó del país en agosto de 1914, hacia… Texas.

Desde entonces todos los políticos mexicanos que huyen por algo o con algo mal habido se van hacia el estado de los cowboys. Toda una tradición.

La guerra formal contra México sugerida por MacArthur ya no fue necesario llevarla a cabo, pues el presidente Wilson quedó satisfecho con la derrota de Huerta, así que los yanquis no avanzaron más, y poco después se irían de Veracruz, para gran frustración del futuro César americano, Douglas MacArthur, quien se sentiría igual de molesto cuando durante la guerra de Corea, en 1951, el presidente Truman le impidió usar la bomba atómica contra China.

Pero ahora el conflicto se daría entre Villa y Carranza, este último muy envidioso por las victorias de aquél. Y a fines de ese 1914, el 6 de diciembre, ocurrió un hecho irrepetible e insólito en la historia no sólo del país, sino más que nada de la ciudad de México. Ese día entraron a la capital las tropas de Francisco Villa y de Emiliano Zapata, algo que hasta la fecha muchos expertos han proclamado como laúnica vez que el pueblo tomó el poder. Es famosa la anécdota de cómo Villa se sentó en la silla presidencial, riendo a carcajadas, ante la mirada seria de Zapata.

¡Cuán extraño aquel México de hace cien años! Marinos y soldados gringos en Veracruz, MacArthur sugiriendo la guerra total contra nuestro país, Carranza en pleito con Villa en vez de que ambos echasen a los invasores estadounidenses, y Villa y Zapata desfilando por las calles de la capital, sin decidirse a quedarse ahí y gobernar juntos el país. Finalmente Villa y Zapata se fueron, para dejar la ciudad de México en manos de los que se autonombrarían gobierno legítimo, el gobierno constitucionalista de Carranza y sus ladrones, los futuros fundadores del partido institucional.

Regresar