Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XXI Julio 2014

 

La Primera Guerra Mundial
Luciano Pérez

Hace cien años, en 1914, dio inicio la primera gran guerra de todas las guerras. Y dio inicio también la modernidad, pues a partir de entonces la ciencia y la tecnología comenzaron a extender su influencia de manera más rápida y efectiva por todo el mundo. Comenzó pues una nueva época histórica, en la que todavía vivimos, y todo porque un oscuro terrorista serbio, Gavrilo Princip, asesinó el 18 de junio de 1914 al archiduque de Austria-Hungría, Franz Ferdinand, mientras éste pasaba en su auto por las calles de Sarajevo, capital de Bosnia. También murió la esposa del archiduque, la duquesa Sofía. Princip hizo esto en protesta porque el imperio austriaco se había anexado Bosnia, donde vivían muchos serbios, los cuales querían ser parte de Serbia. Como Franz Ferdinand era heredero al trono de Austria-Hungría, su muerte era un asunto grave, así que se decidió enviarle a Serbia un ultimátum, el 23 de julio, donde ésta aceptaba todas las condiciones impuestas por los austriacos, incluyendo la pérdida de su soberanía.

Y sin embargo, aunque Serbia aceptó las condiciones, excepto por un punto menor del ultimátum fue que Austria-Hungría le declaró la guerra, y el 27 de julio la flota austriaca del Danubio bombardeó Belgrado, lo cual enojó al gobierno ruso, el cual se sentía protector de los serbios. Hasta este momento el conflicto era puramente local, pero los rusos movilizaron su ejército, y los alemanes, que eran aliados de Austria-Hungría, movilizaron el suyo. Europa había vivido plácidamente en paz desde que concluyó en 1870 el conflicto entre Francia y el Reich alemán a favor de este último, lo cual provocó el resentimiento de aquélla, que había perdido las provincias de Alsacia y Lorena, y siempre pensó en la revancha para recuperarlas y no había tenido oportunidad para llevarla a cabo. Las naciones europeas no habían vuelto a chocar entre sí, salvo algunos breves conflictos balcánicos y africanos, y se dedicaron en este lapso de 34 años de paz a preparar sus fuerzas armadas para una guerra futura. Sobre todo Alemania, que bajo el liderazgo de su emperador Wilhelm II, un nieto de la reina Victoria, que se distinguía por su fanfarronería e impertinencia. No sólo hizo más grande al ejército alemán, y mejor armado, sino también integró una marina de guerra que podría rivalizar con la hasta entonces poderosa marina británica.

Así que para 1914 se veía inevitable que hubiera guerra, pues los jerarcas europeos, aristócratas casi todos, necesitaban solazarse de victorias ante sus respectivos pueblos. El primero de agosto Alemania le declaró la guerra a Rusia, en apoyo de Austria-Hungría. A su vez, los franceses también movilizaron a su ejército, pues tenían alianza con los rusos. El Reich alemán le solicitó a Bélgica, al día siguiente, que permitiera el paso de sus tropas a través de ella para avanzar hacia Francia. Había un tratado que garantizaba la neutralidad belga, firmado por varias naciones, entre ellas Alemania. Si los belgas se negaban a ello, serían considerados enemigos por los alemanes. El rey Alberto de Bélgica rechazó esa petición, y entonces el Reich le declaró la guerra a Francia, y el 4 de agosto los ejércitos alemanes entraron al país belga, en lo que parecía un avance sin problemas, dada la superioridad militar germana.

Sin embargo, los belgas ofrecieron resistencia. Y en ese mismo 4 de agosto, la Gran Bretaña le declaró la guerra a Alemania. Ahora sí el conflicto se había hecho mundial, lo que dio inicio formal a la Primera Guerra, que no sólo se luchó en Europa, sino también en África, el Medio Oriente, el Lejano Oriente, y en Oceanía. Como los fuertes belgas de Lieja y Namur aguantaron, los alemanes trajeron artillería pesada que los hizo polvo. El rey Alberto se retiró hacia Amberes. Se habló de atrocidades cometidas por los alemanes contra la población belga. Y mientras, Austria atacó Serbia, y fue rechazada, hasta que los alemanes fueron en su ayuda. Los rusos estaban obligados a atacar, sobre todo porque los alemanes ya estaban entrando en el norte de Francia y se dirigían hacia París, pese a los esfuerzos franceses y británicos. Rusia atacó, en ese mismo intenso agosto de 1914, en la región alemana de Prusia Oriental, pero los germanos no se dejaron impresionar por el despliegue numérico enemigo, y bajo la dirección del mariscal von Hindenburg y del general Ludendorf, lograron cercar a los rusos en Tannenberg, en lo que fue una de las mayores derrotas sufridas por Rusia en toda su historia. Los japoneses le declararon la guerra a Alemania, y más tarde lo haría Italia.

Dejémoslo ahí, pues describir los detalles bélicos puede ser confuso y engorroso, aunque son interesantes, mas tal vez no para un lector actual, para quien el impacto más devastador de la Segunda Guerra ha borrado casi todo recuerdo de la Primera; en ésta hubo por primera vez tanques y aviones, pero todavía de factura primitiva, y sin efecto decisivo, como sí lo serían en la Segunda. Al concluir la Primera Guerra en 1918, tres imperios quedaron destruidos para siempre: el Reich alemán, que aunque luchó bien y logró acabar con la amenaza rusa, no pudo al final resistir los esfuerzos unidos de Gran Bretaña, Francia y sobre todo los Estados Unidos, y el Kaiser tuvo que abdicar; el Reich austriaco, en lo que fue el fin del largo reinado de la dinastía Habsburgo, que desde el siglo XVI había dominado el panorama político europeo (el viejo emperador Francisco José murió en 1917, y el trono fue asumido por Carlos, quien luego abdicó también); y el imperio ruso de Nicolás II, apabullado por la revolución bolchevique de 1917, un hecho trascendente que le dio el poder al primer gobierno socialista que hubo en el mundo, dirigido por Lenin y Trotsky.

La Primera Guerra inició el 4 de agosto de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918. Las pérdidas humanas en todos los bandos fueron enormes (salvo los estadounidenses, que entraron al conflicto en los últimos meses). Hubo tremendas masacres, como las batallas de Verdún y del Somme, donde inútilmente perecieron cientos de miles de soldados franceses, británicos y alemanes. Hubo horrores como la guerra de trincheras, donde los ejércitos rivales se alineaban uno frente al otro metidos bajo tierra, y en medio la tierra de nadie, viviendo como cavernícolas entre lodo y excrementos, y despedazándose con proyectiles de alto poder. Cuando llegaron los ataques con gas, a partir de 1915, aquello fue indescriptible. Y hubo mortíferas epidemias de tifo y de influenza. De esta guerra no hay héroes que sean recordados por sus nombres, salvo uno, el del piloto aviador Manfred von Richtofen, mejor conocido como el Barón Rojo, quien a bordo de su avión Fokker realizó hazañas todavía memorables.

Alemania no fue propiamente derrotada en el campo de batalla, pues al finalizar la guerra todavía sus tropas se sostenían en el norte de Francia, pero el gran esfuerzo exigido a las fuerza armadas y a la población fue devastador al paso de los años, sobre todo por el bloqueo naval impuesto por los ingleses, pues no obstante la exitosa campaña submarina alemana, no fue suficiente para lograr que entrasen al Reich las materias primas indispensables, así que el hambre llegó a los hogares alemanes. Además, el ejemplo bolchevique se manifestó también, de manera que ocurrieron rebeliones entre la tropa acuartelada en Alemania. Por otro lado, la entrada de los Estados Unidos en la guerra fue decisiva para agotar al Reich, dado el inmenso poder económico e industrial de los americanos. El gobierno alemán se vio obligado a solicitar el armisticio, el Kaiser se fue, se implantó la República, el ejército regresó a casa, y los Aliados ocuparon parte del Rhin. Alemania no sólo perdió todas sus colonias africanas, asiáticas y de Oceanía, sino que asimismo se le impusieron fuertes indemnizaciones, prácticamente impagables, y que hundieron en la miseria al país, dentro del cual comenzaron a darse movimientos políticos radicales que buscaban revertir esa guerra que consideraban no perdida, y que exigían venganza, como el encabezado por Adolfo Hitler.

Y para no olvidar nunca la Primera Guerra, quedaron sólidos testimonios culturales, que aún nos conmueven, tanto libros como películas. La más notable obra literaria surgida del conflicto fue, sin duda, la novela Sin novedad en el frente, escrita por el alemán Erich Maria Remarque, y de la que también se hizo una famosa película. Ahí nada de gloria militar: sólo mutilaciones, sufrimiento, miseria y hambre. Y sin embargo, también hubo el sentir opuesto, la novela de otro alemán, Ernst Jünger, llamada Tormentas de acero, donde no se escatiman los detalles horribles, pero donde se ve la guerra como una experiencia fortalecedora del cuerpo y del espíritu. Otro libro interesante fue Los últimos días de la humanidad, del austriaco Karl Kraus, un vasto panorama satírico del conflicto, una obra de 800 páginas escrita para ser representada en un teatro de Marte. Y está la novela de Alexander Solyenitzin, Agosto 1914, con una visión del desastre ruso en la batalla de Tannenberg. La novela Adiós a las armas, de Ernest Hemingway (también película). Y están los poemas de Apollinaire, de Rudyard Kipling, de Georg Trakl, etc. En el cine, al actor Erich von Stroheim representó al oficial alemán implacable y sin entrañas, para deleite del público de Hollywood en varias películas de propaganda. Otra película alusiva a esta guerra, ahora en el frente del África oriental alemana, fue “La reina africana”, con Katharine Hepburn y Humphrey Bogart.

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