Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XXIIII Octubre 2014

 

Fantasmas
Norma Elsa Pérez

–¿Quién es ella? ¡Ayúdenme por favor! Ya no soporto las noches, son infernales! ¡Y esa señora no me deja dormir! ¿Por qué llora? De verdad, que es muy angustiante ver a esa mujer noche y día: en mis sueños, en mi casa y a todos lados me sigue su frialdad, su aroma, su sombra...

Oigo su voz, pero, ¿cómo sabe mi nombre? ¿Y qué quiere de mí?

Hoy llamé a un exorcista para que me lo explicara y para que la sacara de mi casa y de mi cabeza. Vino el exorcista a mi casa y me explicó que no podía hacer nada, pues un espíritu despechado es muy necio y ningún ritual resultaría efectivo.

– Esto es enfermizo –, dije. Aunque recuerdo a alguien así, necia y aguerrida, pero ya no estoy acostumbrado a esas actitudes, pues aquí vivo muy tranquilo, sin que nadie me moleste. Sólo los recuerdos y memorias que sirven nada más para eso: para atormentar al desdichado que se atreve a invocar fantasmas del pasado.....

Es agobiante!!! Escucho muy cerca sus chillidos!!! A veces me siento muy empapado. Sus lágrimas y su dolor me hacen navegar en medio de un mar muy melancólico, solitario, un agua de témpanos, mucha bruma. Y tan bien que a veces estoy en mi casa. ¡Y este fantasma me hace divagar en medio de la nada!

- Recuerda, recuerda bien –me dice el exorcista–: ¿Qué hiciste? ¿Qué dejaste? ¿Qué rompiste? ¿O a quién abandonaste?
Las preguntas del exorcista, agobiado yo por el fantasma necio que no me deja en paz, me desconciertan realmente; ese fantasma destruye mi día, hundiéndome en una oscuridad feroz. Es como un vampiro energético, que me roba mi energía, mi salud. Y si ya no me duele nada, ¿por qué ella me viene a atormentar recordándome una antigua dolencia?

Horas y horas, tarda el exorcismo, y esa mujer no se va, nunca para de llorar, de gritar, de maldecir....
Ella quiere destruir mi momento, mi oscuridad, sabotea mi eternidad.... Espera..... Aguarda....
Un silencio frío y profundo inunda mi espacio, y con la mirada perdida y la voz sin sonido le digo al exorcista:
–Ahora que recuerdo, esa mujer, la que me agobia, que me atormenta y no me deja vivir en paz, ¡es mi esposa! ¡Sí! la esposa que deje antes de venir a vivir acá, a la cual yo acribillé, sí, yo la maté, y la maté de dolor. Y su presencia es el tatuaje que llevo en el corazón, y ella lleva en su corazón mi ausencia como tatuaje, que ni el diablo mismo con su fuego podrá quitar.

El exorcista me vio consternado, y como consuelo me dijo:
–No hay nada que hacer para los males de los mortales, sólo la resignación. Vive con ese fantasma hasta que ella misma se canse de vivir; esa mujer, por ti es sólo eso, un fantasma, una esencia, una penumbra viviente...Y tú para ella eres ausencia, espíritu, un corazón adolorido acostumbrado a vomitar sangre al vacío, pues así externa sus penas, a borbotones...No hay nada más que hacer, sólo espera a que cruces el umbral, y entonces sí, abrirás las puertas de tu mundo para ella, y ya no será tu fantasma ni tú seras tu dolor....

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