Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año II Número XXIIII Octubre 2014

 

Real Academia Española. 300 años baluarte de la lengua española
José Luis Barrera

La lengua española se encuentra en una grave descomposición que quisiéramos suponer es reversible. Lo único cierto es que hablar de analogía, sintaxis, prosodia y ortografía parece ser oficio de viejos tercos ante la constante omisión de las reglas gramaticales, ya incluso antes de la era de las redes sociales. Encontrarse con profesionistas con graves errores de ortografía y sintaxis en documentos oficiales, universitarios que ni saben escribir ni se saben expresar, y una suerte de folclore en las faltas de ortografía en carteles publicitarios que se encuentran en las calles, es una muestra de que la degradación de la lengua va en aumento exponencial, no sólo tolerada sino alabada, ante la que es muy difícil contender. Desde el punto de vista histórico, la sociedad y sus tradiciones son la que van enriqueciendo una lengua, pero en la era moderna este proceso por desgracia va en sentido inverso.

Ante esta situación lamentable, cabe recordar que la Real Academia Española cumple 300 años de ser aprobada mediante una real cédula del rey Felipe V, justamente el 3 de octubre de 1714. Fue creada en Madrid un año antes por iniciativa de don Juan Manuel Fernández Pacheco (1650–1725), octavo marqués de Villena, y por supuesto primer director de la Academia hasta su muerte; fue a su vez duque de Escalona, grande de España y caballero de la insigne Orden del Toisón de Oro. Huérfano desde los tres años, quedó bajo la tutela de su tío, el obispo de Cuenca, Juan Francisco Pacheco, hasta la edad de catorce, tiempo durante el cual recibió enseñanzas que le despertaron el interés por los libros, lo que lo motivó a reunir una interesante biblioteca que se conservó completa hasta el siglo XIX.

En el mes de junio de 1713, tuvo su inicio la Real Academia Española y según diversas fuentes, las reuniones se iniciaron el 6 de julio del mismo año, aunque la primera reunión plenaria de que se tiene constancia documental fue el 3 de agosto de 1713, en la casa del propio marqués de Villena en Madrid. Las semblanzas que de Fernández Pacheco se escribieron coinciden en considerar la gran dedicación y afición de éste a las letras y a las ciencias; es así que, por lo tanto, fue uno de los impulsores y colaboradores del Diccionario de las Autoridades, que por desgracia no pudo ver impreso en su primer tomo, aparecido en 1726, un año después de su muerte.

Víctor García de la Concha, en su obra La Real Academia Española. Vida e historia (2014), señala respecto a la fundación de la misma y su labor, que los once fundadores que se reunían en el palacio de Villena “eran novatores”. Cabe señalar que el movimiento de los novatores era un grupo reducido de pensadores y científicos españoles del siglo XVIII que rompieron con las posiciones tradicionales de orden escolástico y aristotélico y cuyo propósito principal, sin duda, era la renovación en todos los ámbitos, principalmente centrados en el área experimental, como la medicina y la química, de ahí que también fuesen conocidos como “preilustrados”, y podemos situarlos en el periodo de la revolución científica. Ellos son los que comienzan el proceso de disociación entre filosofía y ciencia como consecuencia del ambiente y dificultades en que tienen que moverse. Ésta es una de las bases más firmes del movimiento. Y estos novatores “estaban empeñados en aquel momento de decadencia social en que los españoles cobraran conciencia de de su propia historia y del patrimonio de su cultura, y en que España se abriera al diálogo con Europa. Pero eran, además, humanistas y como tales sabían que el Renacimiento había comenzado por colocar la lengua, la gramática en concreto, como base de toda formación y de todo progreso cívico”, remata García de la Concha.

El edificio de la RAE se encuentra situado en el número 4 de la calle Felipe IV de Madrid, en el distrito del Retiro, junto al Museo del Prado y la Iglesia de los Jerónimos, y es un edificio de estilo clasicista construido entre 1891 y 1894, de acuerdo con el proyecto del arquitecto Miguel Aguado de la Sierra (1842–1896), el cual se levantó sobre un solar cedido por la corona a la institución con esta finalidad. El palacio fue inaugurado el primero de abril de 1894, bajo la presidencia de la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, a quien acompañaba su hijo Alfonso XIII, aún menor de edad.

La Academia tiene sus sesiones plenarias una vez a la semana, los jueves por la tarde, y para dar una idea de cómo se ubican los miembros dentro de la sala de plenos, se debe señalar que las plazas para miembros de la RAE están definidas por las letras del alfabeto, incluyendo mayúsculas y minúsculas (sin contar la “Y” y la “W”, siendo sólo minúscula en la “ñ” y mayúsculas la “V”,”X” y “Z”). Desde su fundación en 1713 y hasta la fecha, han sido 469 los miembros electos, de los cuales 28 nunca pudieron tomar posesión debido a diversos factores, como el propio José Zorrilla, que en una primera elección no llegó al sillón “H”, quedando vacante su plaza, aunque en una segunda ocasión fue nombrado para ocupar, ahora sin problemas, el sillón “L”.

Un total de 29 directores ha contado en estas tres centurias la RAE, siendo el actual José Manuel Blecua, quien ocupa el cargo desde enero de 2011. De acuerdo a los estatutos vigentes (1993), la permanencia en el puesto es de cuatro años, con derecho a dos reelecciones.
La categoría de académico honorario fue establecida en los estatutos de 1859, aunque tuvo algunos precedentes en el siglo XVIII. Desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, han sido elegidos los siguientes académicos honorarios:

• Pedro II, emperador de Brasil, 1873.
• César Cantú, 1880.
• Luis I, rey de Portugal, 1881.
• Marco Aurelio de Soto, 1883.
• Rafael Zaldívar, 1885.
• Jacobo Fitz James Stuart, duque de Alba, 1914.
• Jacinto Benavente, 1947
• Archer Milton Huntington, 1954.
• Julio Dantas, 1955.
• El príncipe Bernardo de los Países Bajos, 1957.
• Jorge Guillén, 1978.
• José Manuel Blecua Teijeiro, 1982.
• Eugenio Asensio Barbarin, 1985.
http://www.rae.es/la-institucion/los-academicos/academicos-honorarios

El programa de festividades por los trescientos años de la fundación de la Academia se inició el 26 de septiembre de 2013 y termina este año, en la que se considera el homenaje a la RAE en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, en noviembre de este año. Y justo en octubre de 2014, saldrá la edición 23 del Diccionario de la Lengua Española 2014, como cierre oficial de la conmemoración del tercer centenario.
Y aunque en muchas ocasiones se ha considerado a la Real Academia Española como una institución anquilosada y que pierde vigencia respecto al avance de la cultura en los países de habla hispana, no dejemos de ver en ella, en estos tiempos en que se rompen las reglas gramaticales más básicas, desde las escuelas y con más evidencia en las redes sociales, una autoridad para que rija el empleo de nuestro idioma, lo cual es más que necesario. Tener a una academia encargada de cuidar las formas lexicográficas del español en estos días de relajación gramatical en la sociedad es algo que hay que celebrar y valorar.

Es así que, por los trescientos años de celebración, la RAE tiene muchos retos para rescatar una lengua que se está perdiendo inexorablemente en manos de la modernidad y holganza de mucha gente despreocupada en el correcto uso del idioma. Y aún así, más con esperanza que con optimismo celebramos a la Real Academia Española, porque en sí es celebrar este nuestro bello y complicado idioma.

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