Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXV Noviembre 2014

 

A nadie hay que querer
Leticia Vázquez

En especial si somos madres, padres o si tenemos hermanos, a nadie hay que querer; así, si nos matan a un hijo o hermano, no sufriríamos.
Nadie nos garantiza que estamos a salvo. Pienso en las muertas de Ciudad Juárez y también en las víctimas de la misoginia en todo el mundo, y pienso en las madres y padres que esperan la llegada de sus hijas.

Pienso en las víctimas del narco, en los muchachos de Villas de Salvarcar, madres que se quedaron sin hijos, a sufrir para siempre, tristes, muertas en vida, sin tomarle sabor a la comida.

Hasta dónde tenemos que llegar, mejor no tengo hijos, para no sufrir si los matan.
Debo confesar el profundo regocijo que siento cuando a un político o personaje influyente le matan o le secuestran a un hijo, es lo que demuestra que son humanos, quiero que sufran, que no duerman, que lloren. Sólo espero que ellos también quieran a sus hijos, porque parece que no aman a nadie, sólo a ellos mismos.

No es comer, defecar, dormir y amar lo que nos hace humanos, es el sufrimiento; cuando ellos sufren son más como nosotros.
Me pregunto qué sentirán los padres de hijos víctimas de asesinos seriales, imaginar que su hijo fue violado y asesinado, disuelto en ácido, o comido por errores de la naturaleza. Por eso no debemos tener hijos, para no sufrir cuando los maten.

Dicen que la vida no es fácil, que el sufrimiento es natural. No hay nada más falso, nos quieren manipular: ustedes, los asalariados, deben sufrir y aguantar, para eso vienen al mundo, vienen a sufrir por sus hijos. Mentira, nos han engañado, todos debemos vivir bien, comer bien, estudiar y querer, tener hijos, uno debe venir a tener una vida plena, y la vida debe de ser fácil y los riesgos y pruebas a los que nos somete no deben ser el de perder a un hijo, o hermano para formar nuestra personalidad.

Vivimos en un mundo de guerras y hambre; de pobreza económica, de amor y de espíritu; de desigualdad, racismo, odio, envidia, intranquilidad, vicios, violencia, deshonestidad, mentira, desilusión, traición, catástrofes naturales dentro de muchas otras cosas. ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Para qué vivir, si vivir solo duele? Y todavía matan, violan y desgracian a nuestros niños y niñas.

Hay que resignarnos, nunca seremos felices, alcanzamos la felicidad con nuestros hijos, a los que van a matar y nosotros viviremos enfermos de tristeza y por la tristeza. A menos que aprendamos a no quererlos, así si los matan o si se los llevan, no sufriremos.

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