Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXV Noviembre 2014

 

Segundo Aniversario

Aunque los libros de autoayuda pregonen que siempre hay que mirar hacia adelante, es importante mirar para atrás y hacer recuentos, mirar los orígenes y la base, porque, al igual que los árboles, una existencia sin raíz caerá sin remedio. Pasado, presente y futuro son tiempos indivisibles que existen siempre entrelazados y en perfecta armonía.

Por eso cuando se trasciende de un año para otro recurrimos a la lontananza y a los proyectos que se van a aterrizar. Acabamos un año con nostalgias y empezamos el otro con proyectos, el punto justo entre ambos es el momento en que la balanza está equilibrada, cuando el presente toma un poco del pasado para proyectar otro poco del futuro.

Quien dice que el presente es lo único real, está sustentando su vida en un segundo, ya que el siguiente –el que aún no pasa– es futuro, y la vida misma estará perpetuando mínimos pasados.

Cada año va dejando huellas indelebles que son a fin de cuentas conocimientos importantes para no repetir aquello que causa estragos, así como situaciones y hechos que replicados le dan identidad a nuestros actos e idiosincrasia.

No se puede evadir de ninguna manera el pasado porque tenemos memoria, tenemos recuerdos y tenemos a un amigo indomable e inexorable llamado inconsciente.

A todos nos parece oportuno hacer propósitos de año nuevo basados en las experiencias de los años que han quedado atrás. Siempre termina el hombre echando un vistazo hacia atrás. Siempre habrá “piedritas en el zapato” difíciles de sacar.

Tenemos un camino recorrido y otro por recorrer, y ahí, justo en medio está parado el ser humano con todas sus dudas, temores y pujanzas para llegar en algún momento a la meta, al final de los finales.

En tanto, vayamos adelante pero siempre con espejos retrovisores, con un “ojo al gato y otro al garabato”.

Ave Lamia sigue adelante: cumplimos dos años e iniciamos el camino del tercero con la misma entereza que desde el inicio, pero con experiencias acumuladas que por naturaleza se ven reflejadas en cada número.

Y haciendo la necesaria remembranza, la comparación con aquella luna que cedió su terreno a la lamia en aquel ya lejano octubre de 2012 es por demás ineludible, cuando en un blog y con pocos colaboradores se inició esta aventura, con amigos distanciados por un pasado recalcitrante en las neuronas anquilosadas, pero con la firme intención de tener un medio de expresión que trascendiera en el tiempo.

Hoy reunidos en la mesa de un Sanborns hemos tenido a muchos de nuestros colaboradores, en espera siempre perpetua de poder reunir a los restantes.

Estamos los que debemos ser en este momento, y somos menos de los que serán cuando estemos cumpliendo tres años y comencemos el camino del cuarto, el quinto y así sucesivamente.

Mientras que haya gente con deseos de crear y haya gente con ganas de leer, Ave Lamia seguirá navegando por el ciberespacio, porque, señores: “Aquí se viene a trabajar” (sic).

José Luis Barrera

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