Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXV Noviembre 2014

 

Un comité de Revueltas

El hombre es un ser erróneo […] un ser que nunca terminará por establecerse del todo en ninguna parte, aquí radica precisamente su condición revolucionaria y trágica, inapacible.
Los errores, José Revueltas

Ángeles Camacho

Los Camaradas Quiméricos (así llamaban al pequeño grupo del partido los Seguidores de Jesús y los Propagandistas de San Andrés, grupos dueños de las miradas públicas, tan disputadas en la política) estaban convencidos de que la marginación en todos los sentidos y ámbitos de la política era clave para la concreción de las ideas revolucionarias, como hizo Revueltas, decían. Estaban convencidos que el escritor, nacido el 20 de noviembre de 1914, lo había establecido muy claramente en su obra literaria. Si descifraban con exactitud las pistas dejadas en su novela Los errores, podrían entender al dedillo lo que significaba ser un verdadero militante.
Sin embargo, debían llegar a un acuerdo sobre las estrategias de formación teórica para garantizar, desde la base, que el partido no se desviara de su objetivo original. Se sobreentendía el acuerdo de que Revueltas era el único militante comunista que merecía ser considerado verdaderamente de izquierda, congruente hasta el final, su final, el 14 de abril de 1976.

—Leyendo las novelas— dijo el doctorante en filosofía política y recién llegado de Alemania, donde los escritos de Hegel le habían dado la oportunidad de estudios cada vez más profundos —estaremos en posición de ser la vanguardia del partido, porque José puso en ellas las pistas que deberíamos seguir los comunistas… o socialistas… bueno, los revolucionarios de verdad, para revertir la enajenación del proletariado.

—Claro que no ?dijo el recién llegado, el más joven en el comité, entusiasmado y agitado por su participación en los recientes enfrentamientos entre el cuerpo de granaderos de la capital y los estudiantes clasemedieros, que protestaban contra los medios de comunicación —, la clave está en confrontar al gobierno; directo. Que nos metan al tambo a dos o tres y ya dentro hacemos huelga de hambre, como presos políticos que seremos. Eso hacía Revueltas, no se andaba con jaladas de preparación teórica ni nada de eso. El 7 de noviembre de 1930 participó en el izamiento de la bandera roja en la catedral, luego de una manifestación. Revueltas tenía 16 años en ésa, lo detuvieron y se lo llevaron preso a las Islas Marías. ¡Qué escuela de cuadros ni qué nada! Además, a mí me gustan más sus cuentos que, dice mi maestro de crítica literaria, son los mejor escritos y menos panfletarios.

—¿Tú qué sabes? — le reprochó con una calma paternal el miembro de mayor edad, militante empecinado en la izquierda desde el Partido Comunista Mexicano — Revueltas era de los mejores teóricos; en el PCM no querían admitirlo; decían que era un espía, que sabía demasiado sobre comunismo. Después, él, contra la voluntad de la dirección, fue uno de los pocos comunistas que leyó los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 de Marx. Estaba prohibido para los militantes leerlos, porque fueron editados por los troskos. Revueltas decía que los militantes, pero principalmente los jóvenes, deberían leer a Hegel. O sea: leer filosofía política. Eso de leer sus novelas es creer que hay recetas para la revolución y no. Hay que leer teoría de a de veras.

— Yo digo que el doc tiene razón — dijo la única mujer en el comité, que en ese momento interrumpió a los oradores sin dejar de servir los cafés que previamente le fueron requeridos —.Yo escuché un programa de radio (¿o fue de la tele?). No recuerdo, pero hablaban de que las obras de José Revueltas sí tienen elementos teóricos que pueden ser identificados y desentrañados para mejor comprensión de la realidad. Decían que la literatura de Revueltas se podía clasificar como ‘realismo materialista dialéctico’ o algo así…— Hablaba de memoria, de la misma manera en que repasaba el cumplimiento de las especificaciones individuales sobre las cucharadas de azúcar y café mirando a los solicitantes y a las tazas alternadamente.

—Por ejemplo, el de la radio dice que en Los errores las prostitutas son imágenes de la enajenación y cosificación del ser humano en una situación extrema, en la que se encuentran gracias a la organización del sistema, como un reflejo de la sociedad. Las golpean, las humillan y las degradan moral y físicamente, lo que es una clara manifestación del desamor y desprecio que el hombre se profesa a sí mismo… aunque yo digo que hombres y mujeres—, dijo y bajó la mirada de nuevo hacia su tarea.

—Claro— dijo el doctorante—, el mismo Marx en los Manuscritos, dice que el amor que el hombre se tiene a sí mismo es igual al que profesa a una mujer. Es decir, cuando la sociedad llega a un grado extremo de enajenación, se mantiene presa a sí misma. Se ata a su condición de sometimiento por voluntad propia, manifiesta su falta de amor propio. Por eso, les reitero la propuesta: leamos como material de base para la preparación política esa novela, porque es una de las más críticas contra el capitalismo dominante y contra las políticas represivas del PCM, del régimen estalinista y de la enajenación que el propio socialismo es capaz de ejercer sobre el individuo. Con esa obra, que toma ejemplos cercanos e identitarios de nosotros, no europeos, podremos comprender los procesos de enajenación y las formas de revertirla. Si queremos que la gente se ponga a leer a Marx, Hegel y Engels, nadie se quedará con nosotros. Por nuestra terquedad de permanecer en el purismo minoritario, los reformistas y negociadores hacen lo que quieren con el partido.

—En ese caso —volvió a intervenir el hombre mayor—, leamos su obra teórica: Dialéctica de la conciencia (que buena falta nos hace a todos, empezando por este comité) o el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, ahora que hay tantos partidos que sirven pa’ dos cosas, y las luchas de la sociedad se dan por todos lados sin que el partido, como dice Lenin, encabece nada. Ahora todos andan buscando acuerdos y recursos, hacen sus partiditos nomás para vivir del erario, del trabajo de los obreros, sumándose a la mano omnipresente y explotadora—, dijo y se sumió en un berrinche de silencio memorioso…

—Por eso —interpeló la mujer con cierta desesperación—, en la novela, habla de los errores que comentemos todos en este orden establecido, ¿verdad, doc? —y dirigió una mirada solícita—: los errores individuales, los que representan las acciones criminales, políticas o sociales, los errores de la colectividad. Allí en esa novela reflexiona un personaje sobre la naturaleza del hombre como ser erróneo y su necesidad de minimizar esa condición… eso escuché…
Eran ya las tres de la madrugada y la mujer recibió como respuesta casi unánime un gesto que parecía mohín y bostezo al mismo tiempo. El moderador que se había limitado a señalar con el bolígrafo los turnos dijo dominante:
—Votemos. Hay dos propuestas: leer toda la obra de Revueltas en las sesiones de formación teórica o leer solamente Los errores. Levanten la manos los que estén de acuerdo con la primera. Miró a todos de un vistazo, declaró con premura y mal humor el consenso y el final de la sesión.
Ahora, quedaban seguros de que su participación como revolucionarios estaría sustentada en el mejor ejemplo y sería el único homenaje de que eran capaces, como admiradores del militante comunista, aquellos seguidores de una línea que se empecinaban en vislumbrar en su literatura.

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