Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXVI Diciembre 2014

 

Editorial diciembre

No podemos decir que 2014 fue el peor año de nuestras vidas, aunque tampoco podríamos decir lo contrario. Acostumbrados ya a las malas noticias, a los sucesos nefastos y a la cotidiana abyección, siempre estaremos contentos de recibir las buenas nuevas por breves y escasas que parezcan. No diremos que hemos de celebrar “la agonía de un año que amarguras dejó en todos los pechos”, ni tampoco esperaremos con excesiva esperanza un 2015 que no tiene por qué ser muy diferente a su predecesor en términos generales. Estaremos tan sólo esperando a “porta gayola” la incierta embestida del año que va a salir de toriles. ¡Que Dios reparta suerte y va por ustedes, nuestros lectores!

A cierta altura de la vida ya no sabemos si en realidad está cada vez peor la humanidad, o es una ambigüedad a causa de la nostalgia de tiempos pasados que limpia todo rastro de polución. Acostumbrados a hacer comparaciones caemos con frecuencia en el sobado “todo tiempo pasado fue mejor”. Cierto es que el irredento consumismo se ha abierto camino entre la voluntad de las personas, pero el humano será malora con o sin los gadgets que lo encadenan. La abyección no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Así pues, la celebración será la misma: los mismos propósitos, el mismo sentimiento de que lo peor ya lo pasamos, con la esperanza de que todo va a ser mejor, los mismos sentidos abrazos a la familia y casi el mismo llanto. Pero siendo francos, si en la realidad el año no va a presentar trascendentales diferencias en el papel, ¿por qué tendríamos que cambiar nosotros?¿Por qué tendría que empezar a leer el que nunca ha leído, o dejar de comer el que tiene un apetito atroz?¿Por qué tendría que ser bueno el mal patrón y tendría que mejorar la economía familiar de sus empleados? El cambio, está muy claro, no se va a dar mágicamente porque comienza un nuevo ciclo de 365 días. El cambio es un proceso muy profundo al que muy pocos están decididos a arriesgarse.

Celebremos “entre risas, libaciones, chascarrillos y versos” el decurso del tiempo, y si no encontramos “copas pletóricas de ron, whisky o ajenjo”, brindemos con una taza de café servido por Jacoba en el Sanbors Altamirano House. Brindemos por los placeres que la vida nos propone, y que cada quien tome los que mejor le parezcan. Propongamos un brindis por las nueve musas inspiradoras; por la buena compañía, la buena charla y los buenos momentos; por los encuentros y reencuentros afortunados; por los seres presentes aún en su ausencia infinita; por las bromas y las risas; por las tardes soleadas y por las noches de lluvia; por la polifonía del zanate y el viento jugando con el follaje de una bugambilia. En fin, cada quien proponga un brindis sólo por la ceremonia del recuento.

Nosotros nos quedamos en el inventario con Luzbel, Octavio Paz, María Félix, Kurt Cobain, Salvador Dalí, Efraín Huerta, Julio Cortázar, José Revueltas y Lucio Cabañas, no sin dejar de lado a la Real Academia Española, Mary Poppins, Rock 101, Batman, Nathaniel Hawthorne, El metro, y los programas que hace cincuenta años irrumpieron macabramente en la televisión: Los Locos Addams, Hechizada y Los Munsters. Pero sobre todo nos quedamos con nuestro segundo aniversario y nuestra segunda edición de terror que tanto ha gustado y con las lamias a todo lo que da.

Brindamos por nuestros colaboradores y su talento, y claro por nuestros lectores.
¡Feliz Año Nuevo!

José Luis Barrera

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