Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXVI Diciembre 2014

 

El Quijote en Chapultepec
Tinta Rápida

De las hazañas acontecidas en el Bosque de Chapultepec a cargo del llamado "Caballero de la Triste Figura" o "Caballero de los Leones" por antonomasia, ninguna referencia hace Cide Hamete Benengeli en la primera ni en la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Tal omisión, es probable que se deba a que el autor árabe nunca tuvo la oportunidad de conocer este famoso espacio citadino de reunión familiar, o tal vez sólo acudió a él para visitar el castillo, el zoológico y el lago, como se acostumbra hacer, y nunca llegó al rincón en donde el Quijote, con seguridad, aún sigue luchando contra los malandrines que acosan este bucólico lugar.

De hecho casi nadie sabe que un poco adelante del lago mayor, tomando por la Calzada de los Poetas, es posible encontrarse de frente al "Quijote en las nubes", obra del reconocido escultor mexicano Humberto Peraza, colocada ahí desde el 13 de diciembre de 1989, y que avanzando hacia la derecha por el "Paseo de Quijote", se puede ser testigo de las gestas del valiente hidalgo, ya que se ubica la "Fuente del Quijote", misma que está adornada con 180 azulejos de mayólica, trabajados en Triana, Sevilla, al auténtico estilo de Talavera (que datan de 1921) y decorados con viñetas que representan las batallas de Don Quijote, acompañado, por supuesto, de su fiel escudero Sancho Panza.

Esta fuente es una réplica de la que se localiza en el Parque María Luisa en Sevilla, colocada en el lugar ya descrito a sugerencia de Diego Rivera y el arquitecto Roberto Álvarez Espinoza. Un hecho memorable es que a derecha e izquierda se encuentran sobre sendas columnas, las figuras en bronce de Don Quijote y Sancho Panza, con los rostros de Salvador Dalí y Diego Rivera respectivamente. Y ya para completar este singular rincón de reminiscencias cervantinas, a un costado de la fuente existe una rústica cabaña denominada la Biblioteca del Quijote, actualmente en desuso, pero que complementa el ambiente propicio para albergar a tan distinguido huésped.

Tal vez El Quijote llegó tarde, porque mucha falta nos habría hecho para desfacer los entuertos que en 1847 nos hicieron los malandrines marines, en la toma del Castillo. Inclusive hubiéramos aceptado la ayuda de aquel Quijote apócrifo de Avellaneda que hubiera tomado notoriedad con estos hechos de armas. Lo cierto es que Don Quijote de la Mancha llegó al Bosque de Chapultepec ya entrado el siglo XX y nada pudo hacer por nuestra patria.

Ahora que, si estando por aquel lugar, ha sido usted víctima de los ladrones, no piense que el valiente caballero no quiso defenderlo. Es posible que haya estado muy ocupado librando una cruenta batalla con algún feroz gigante (con aquello de la cercanía con "Molino del Rey"); tal vez creyendo haber encontrado a su Dulcinea del Toboso entre las bellas chilangas que se dan cita en el "Cerro del Chapulín" se apresuró para ir a su lado y presentarles su respeto; o bien se encuentre en “La puerta monumental de Leones” (obra del escultor francés Joseph-Antoine Gardet, e inaugurada el 17 de septiembre de 1921), librando la lucha contra estos fieros felinos que quedó pendiente en el capítulo 17.

Puede suceder que algún truhán (de los que hay muchos en el país) haya hecho de las suyas mientras nuestro valeroso caballero y su insigne escudero anduvieron ayudando a la Princesa Micomicona en algún rincón del bosque: tal vez por ahí en la “Fuente de las ranas” (que al igual que la “Fuente del Quijote” fue mandada a hacer por el entonces ministro plenipotenciario de México en España, Miguel Alessio Robles), en el “Tótem canadiense” (donado por el pueblo de Canadá al de México en 1960), en la “Fuente de Nezahualcoyotl” (obra del escultor Luis Ortiz Monasterio e inaugurada el 15 de septiembre de 1956), o ya de plano cuando buscaba la tranquilidad del retiro en el “Jardín de los adultos mayores”.

De cualquier forma vale la pena saber que en un lugar de Chapultepec, "...de cuyo nombre (sí) quiero acordarme, no ha mucho tiempo que (descubrí) a un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor..."

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