Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXVII Enero 2015

 

La estela del desencanto
José Luis Barrera

Lo más terrible al final de la batalla, es que no hay vencedores ni vencidos
¿Quién entonces adopta los siniestros ritos del vencedor?
¿Quién mendigará el botín de la venganza? Ya el vencido tendrá el poder de enaltecer tácticamente a los recuerdos, conmiserándose de su adversa jornada.

Aquí está también mi carne, con su destino inmutable de putrefacción. Voy a darme golpes de pecho con mis dobles discursos y mis falsías depredadoras.

En el fardo del desengaño sólo quedarán trozos de amarguras exentas de indulgencias. Me fastidio de las verdades absolutas, de las morales a la medida, de la elocuencia de los televisores. Asumo la iconoclastia de mi destino, la rancia reticencia que le delego a mis manías.

Taciturno y solitario, me vierto en tu arista más perfecta y me revierto a mis instintos. Refrendo el principio de caducidad de lo que soy y lo que concibo. Pacto el armisticio antes de la batallas; cobro finiquitos antes de firmar contratos.
Lo más pavoroso de cualquier batalla es su finalidad de someter, porque en la confusión de los exabruptos siempre se extravían los trofeos. Siempre terminan venciendo la arrogancia y la conmiseración.

Lo más terrible al final de la batalla es el delirio del vencedor y la victimización del vencido.

Nunca logré vencer con mis consignas ni con mis ingenuas rebeldías.

Mi bunker perfecto es la desilusión. Y ante tantas derrotas tácticas y tantos seres queridos perdidos, la resiliencia es mi mejor amuleto.

Y al final, ni tan penosa ni tan triunfalista será mi existencia.

No habrá grandes heroicidades que exaltar, pero tampoco terribles cobardías que me obliguen a emitir el eterno lamento.

Pero al final de la utopía, con tantas batallas perdidas y pocas quimeras que reembolsar, la estela del desencanto la llevaré en mi ceño fruncido.

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