Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXVIII Febrero 2015

 

Editorial

Otra vez febrero del amor y la amistad, otra vez el comercio y la hipocresía, de nuevo la insinceridad. Ya todo va mal a partir de que separan amor y amistad como si no fueran lo mismo. En otro tiempo los caballeros que amaban a sus damas les decían a éstas amigas, y ellas les decían a sus amados caballeros, amigos. Es una falsedad expresar aquello tan sobado de “tú yo sólo somos amigos”.

Am-istad y Am-or tienen la misma raíz, y una y otro son en realidad sinónimos. Pero a los comerciantes les conviene mantener la separación, porque como mucha gente “no ama”, pueden en cambio regalar por “amistad”.

Por eso es más fecundo hablar de desamor, porque éste abre puertas hacia muchas posibilidades. Es darse cuenta de que las cosas no son como se creen, y entonces se reconoce que más vale estar solo que mal amado. Porque el mal amor está más extendido de lo que se supone. Urge pues otro arcipreste que lo descubra y lo cante.

Y si en el futuro los comerciantes proclaman un Día del Desamor, entonces los regalos tal vez se prodiguen como nunca, porque daremos y diremos: “¡Felicidades porque no me amas, hoy soy más feliz!”, “¡Tú y yo sólo somos buenos enemigos, saludos!”

Así que basta de San Valentín. Y si alguien cree todavía en éste, entonces que se arregle con los pájaros y las abejas, que los unos le saquen los ojos y las otras lo envenen. Créanme, no es tan malo desamar. Tiene uno tiempo para muchas cosas. El amor es peligroso porque lleva a algo mucho peor, que es el matrimonio.

Éste es lo más horrible que le puede pasar a uno. Véase en lo que quedó el señor Regino Burrón: su vida de casado fue infeliz, por tanto sobarse el lomo y andarse tronando los dedos con tal de mantener a su problemática mujer. A muchos el amor los lleva a eso, a casarse e inundarse de situaciones innecesarias, que son muy malas para el corazón. En un sentido estrictamente médico, y no romántico.

Loki Petersen

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