Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXVII Enero 2015

 

El amor me ha fallado otra vez
Hosscox Huraño

Quisiera rascarme con odio y sin titubeos hasta arrancarme la piel y renacer, ser bueno ser respetable. No pecar no mentir no emborracharme, no ser el tonto ridículo el imbécil cobarde, ¡dejarme de tibiezas, carajo! Ser Un Hombre de una sola pieza.
Pero siempre he usado zapatos negros y viejos, jodidamente comprados de segundo uso o regalados, no acepto mi realidad y me fugo de manera mágica, sueño con las cosas que compraría para llenarme la barriga y los deseos.

Le he cogido gusto a la fantasía, miro luces y te recuerdo. Desnuda con tu vagina abierta de par en par. Con tu boca sedosa y lista para mamar, para chuparme toda la tristeza, para dejarme seco y tieso con tu vulva piraña, con tu boca de enredadera, con tu mirada de encabronada, con tus gemidos del fin del mundo, eres todo un cielo líquido para mi desierto.

Mis palabras pobres y cursis delatan mi pereza mental, mi hedonismo mediocre, mi ilusoria idea de seducción. Pero no importa, ¡todo a la verga! Tengo más rabia que miedo, mas cinismo que vergüenza, mas sangre pura y aceitosa, oscura y perpleja, que me obliga a decirte que nunca te irás de mí, que me acompañarás aunque tú no quieras en alucinaciones, en angustias, en mi gozo, en mi muerte.
Respiro hondo, ya me pesa el trajín por las calles, por los barrios, por los espacios robados, por los espacios tolerados como el Callejón de Manzanares donde las putas dan de vueltas como la ropa de una lavandería automática, en un pedacito de calle deslavado a fuerza de tanto jabón y escoba, para borrarle la miseria y marginación, pero esta calle tiene un apellido y es el de la Merced, aquí encajo mejor, aquí soy normal.

Me desespero, me recuerdo en mi infancia y todo se ve roto, y no tuve más que irme, me recuerdo joven y chaquetoso, con ganas de hacer algo por el mundo, pero chaquetoso y pendejo al fin, el mundo sí hizo algo conmigo. Me hizo obrero, vendedor, trabajar sin resultados, dinero que me duraba menos que la ilusión de tenerlo cada quincena, viví en Acapulco, Veracruz, Manzanillo, Vallarta, todo es la misma mierda, la misma locura por agarrar algo antes de perderlo.

Ya soy un lugar común de lugar común. Pero lo cierto es que te busco, que te quiero acariciar, verterme en ti como tú te viertes en mí.

Jugué a ser teporocho por una semana, y no pude más, se me acalambró el alma, y mi cuerpo se quebró.

Son unos Santos esos hombres y mujeres que sufren de manera tan estúpida y solitaria. Son unos perros del mal, que se persiguen entre los desperdicios y copulan en la madrugada a mentadas de madre y risas desquiciadas.

Son la carne atorada en los dientes del Diablo, son algo que no le importa a nadie.

Para quien viene del infierno es aburridísimo ser sobrio. Así que busco tu regazo para protegerme, sé que me traicionarás de alguna manera, pero aun así te buscaré, hoy sabrás a tequila claro, tequila blanco, a urbe de sueños para dormir despierto.

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