Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXVIII Febrero 2015

 

Stan Laurel, el Flaco (1890-1965)
Loki Petersen

Era el 23 de febrero de 1965, como a las cuatro de la tarde.
Había terminado de comer y también de realizar la tarea escolar (iba yo en el cuarto año de primaria), así que encendí la televisión para disfrutar de mis programas favoritos, iniciando con el Club Quintito por el canal 5.

Y no pararía de ver hasta las 8 de la noche, hora en que ya no podía seguir viendo más; no porque yo no quisiera, aunque de vez en cuando me permitían hacerlo incluso hasta las 22 horas, de acuerdo a mi desempeño escolar, según la lógica de los padres y madres.

Fue en esa tarde, entonces, hace cincuenta años, en que el locutor del Club, Genaro Moreno, nos informó de la muerte del Flaco, al cual conocíamos muy bien por sus divertidas películas con el Gordo.

Arthur Stanley Jefferson nació el 16 de junio de 1890 en Ulverson, Inglaterra, y sus inicios artísticos fueron en el circo y el music-hall. Con el nombre artístico de Stan Laurel, desde 1909 hizo muchos sketches cómicos y comedias en la compañía inglesa Karno, donde fue compañero de Charles Chaplin, del cual llegó a ser el sustituto cuando éste emigró a los Estados Unidos.

Durante una gira de la Karno por este último país, el productor y realizador estadounidense Hal Roach contrató a Laurel para actuar en películas cómicas, de las que Roach era un especialista, ya que hacía los filmes de Harold Lloyd y de otros.

Stan hizo muchos filmes de 1917 a 1924, y un año después Roach se dio cuenta del gran potencial humorístico que podía tener una pareja integrada por Laurel y un actor cómico americano venido de la compañía Vitagraph, Oliver Hardy, así que los unió para que filmasen.

El éxito consistió en unir a dos personajes físicamente muy diferentes, un flaco (Stan) y un gordo (Oliver), lo cual ya desde ese contraste hacía reír.

Pero también eran distintos de otra manera: Hardy era el que daba las órdenes, algo así como la mente maestra, y Laurel quien obedecía; por lo tanto, el Gordo tenía derecho a regañar y castigar al Flaco cuando las cosas no iban bien, que era casi siempre, dada la índole torpe de ambos.

El Flaco lloraba inconsolable ante lo insoluble de los líos en los que se metían. Fueron muchas las películas de esta genial pareja, todas las tenemos en la memoria desde toda la vida, y en particular ciertas escenas, como aquella donde deben subir un piano por una dificultosa escalinata.

Quizá nos divertíamos porque en todas las tonterías y problemas de Laurel y Hardy nos sentíamos plenamente identificados. Nada sale bien, quién sabe por qué, ni siquiera cuando todo va de la mejor manera.

¡Cincuenta años sin el Flaco!
Hardy había muerto ya desde 1957, y Laurel no pudo trabajar solo, no podía ser lo mismo.

En México se copió la fórmula, con un flaco y un gordo, Viruta y Capulina, pero ahora desde la inversa, el primero como el jefe y el segundo como el tonto.

El caso es que a veces más vale estar acompañado, no importa qué tan bien o mal, que solo, para que los pastelazos y cubetadas de agua y de pintura no sean sólo para uno.

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