Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXIX Marzo 2015

 

Cambio de imagen… mejor, cambio de vida
Leticia Vázquez

Odio que la gente me diga qué hacer. Odio más que la gente le diga a otra que me diga qué hacer. Por eso decidí poner mi empresa sin fines de lucro. Siempre me criticaron mi forma de vestir, cambié para taparle el hocico a la gente. Así pues, los programas de cambio de imagen no eran mi predilección.
Ahora quiero exponer sobre mi empresa, que se dedica a ayudar sólo a mujeres, no por feminismo chocante, sino por realidad, los hombres no sufren por su imagen tanto como las mujeres, a las mujeres las critican más; a los hombres no los manosean en las calles; no sufren violaciones y no los matan por odio, o porque es fácil matar a un hombre sin que los castiguen; no les avientan las esposas la comida cuando no les gusta, no son relegados, no han vivido detrás de una mujer, opacados…
Cualquier problema que una mujer tenga, le buscamos solución, hasta ahora no he fallado.

Dicen que como te ven te tratan, que por eso te tienes que vestir bien; en mi opinión, esa es la justificación para que se promueva la discriminación, nada te asegura que una persona es buena por su apariencia. Sólo falta que digan que también hay que blanquearnos para que nos traten bien.
Todos discriminamos, no diría que es porque somos, los mexicanos, unos hijos de la chingada; pero no, en todo el mundo es igual. Todos discriminamos.
Algunas veces uno tiene que modificar su forma de ser, de vestir, como estrategia en la busca de una nueva vida, es lo que promuevo en mi taller: Ahora tienes que cambiar; pero por dentro, para hacer después un cambio externo, tu marido te hacía sentir menos, te insultaba, te ridiculizaba ante tu familia. Eso las hace ver su vida anterior y ver que en verdad las trataban con la punta del pie.

Les doy alojamiento, un oficio y una profesión. Nada te faltará, sólo tienes qué hacer lo que te diga, si algo no te parece lo hablamos, recuerda que primero será difícil.
Primero te cambias el peinado, vas a hacer lo que a él no le gustaba que hicieras. Después el examen de aptitudes y conocimientos. Ahora vamos a leer todos los días, tenemos que practicar la dicción y la conjugación de verbos. Tú cocinabas, entonces serás la cocinera del restaurante, es así como pagarás tu estancia aquí.
Cada vez nuestra Casa es más grande, buscamos niñas de la calle y las educamos, vamos a sitios rurales y reclutamos mujeres. Eso sí, nadie es forzada a ingresar en La Casa, tienen que decidirlo ellas solas, incluso a pocos días del ingreso; después de la firma del contrato y de la transformación todo cambia.
Ese es un ejemplo de reinvención de las mujeres. Me gusta mi trabajo, he tenido incluso que enfrentarme a hombres enfurecidos que quieren a su mujer de vuelta, gritan e insultan; un arma nata de casi todos los hombres, creen que con sus gritos intimidan, que nos quedamos calladas, que con sus insultos nos ridiculizan, nos rebajan.
No les grito porque los veo tan mediocres que me dan lástima. Sólo les digo: Eso es lo que es ahora, y quiere a su esposa de vuelta para que lo haga sentir menos basura, ¿verdad?
A nosotras nos toca la peor parte en todo. He visto mujeres muy nerviosas que sienten que no sirven para nada, que no se quieren porque les decían gordas, feas, indias, burras; las he visto asustadizas por un error que cometen. Los medios hacen su parte con su publicidad, con sus telenovelas, con sus programitas tontos, y la sociedad aporta otro tanto. Tengo, tenemos que luchar contra eso, y debo decirlo, contra los hombres también, debemos modificar sus pensamientos, eso ya nos corresponde a todos.
Como te ven te tratan. Tuve el caso de una mujer que su esposo contrató a una mujer experta en imagen para que le cambiara el look; la mujer se molestó, no quería vestir lo que le probaban, ella se decía: “pero no me visto mal, mi estilo es original”. Total, que cuando esperaban la presentación del cambio de imagen, salió a escondidas de la casa y nunca volvió con su esposo.
Al inicio yo no quería aceptar su caso, que sólo era una reivindicación de la manera de vestir de la mujer; pero decidí que por su profesión, bióloga, sería de ayuda para “La Casa del Renacimiento de las Musas”.
La mujer sólo quería saber si lo que había hecho era lo correcto. “Si yo me hubiera vestido mal en verdad, lo aceptaría, pero yo doy clases, así me gusta vestir, eso le dije y la experta en imagen me gritó, dijo que era una necia. Y mi esposo la respaldó. Él me quiere y sufre sin mí… No sé qué hacer, pienso en volver”.
No, no regreses, le aconsejé, que escarmiente, si te quisiera no te habría ridiculizado. Y no te vistes mal. Quizá él se refería a que incluso en casa te vistes así. Y quiere un cambio, tendrías que platicarlo con él. Tu situación no es tan grave. Obvio no vivirás aquí con nosotras, pues tienes recursos y tu familia te apoya; pero sí me gustaría que experimentaras con los estilos, sólo para ver cómo te sientes.
Cuento este caso porque he recibido otros, la mayoría, en donde las mujeres pasan por una transformación de ese tipo; cambio de imagen, corrección de postura, de dicción; pero es para que se acepten ellas, no para que esperen la aceptación de los demás.
Sólo tienen prohibida una cosa, volver con sus ex parejas y volver a ser las esclavas de otro hombre, no pueden salir de la casa, les hago ver que eso sería la perdición otra vez, es un mal que hay que evitar.
Una mujer no necesita a un hombre, o si lo necesita es mínimamente, en la medida que ellos nos necesitan a nosotras biológicamente. La diferencia es que sin un hombre podemos vivir y ellos necesitan a una mujer.
Nunca deben volver. Y no vuelven.

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