Ave Lamia Revista Cultural

Reserva de Derechos 04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año III Número XXIX Marzo 2015

 

Ninón y Anita: Dos musas al parnaso
Stregheria Leland

Enero llegó con malas noticias en el mundo del cine, dos figuras de diferentes latitudes dejaron de existir apenas iniciado el año. Una, cubana con ya 85 años de edad y la otra sueca con 83, cada una con su estilo y porte, pero ambas del agrado de los hombres. Ninón Sevilla y Anita Ekberg, dos bellezas incomparables que hicieron de su belleza un ícono cinematográfico.

Ninón Sevilla, quien naciera en La Habana, Cuba, el 10 de noviembre de 1929 y bautizada con el nombre de Emelia Pérez Castellanos – adoptando posteriormente su nombre artístico en honor a la legendaria escritora, cortesana y mecenas de las artes francesa Ninón de Lenclos –, fue criada por una tía y su abuela (mujer con enorme devoción católica), quienes la hicieron ingresar a un colegio de monjas, mismo que influyó a tal punto en la futura “Venus dorada”, que por poco decide convertirse en monja misionera.

Afortunadamente y casi por designio divino, decide dedicarse a la danza al descubrir sus habilidades como bailarina, y empezó a bailar en los centros nocturnos y cabarets de Cuba y posteriormente a trabajar en los coros de los comediantes cubanos Mimi Cal “Nananina” y Leopoldo Fernández “Tres Patines” (famosos internacionalmente por su programa radial La tremenda corte) en el Teatro Martí de la Habana.

Llega a México en la década de los 40 contratada por el empresario, productor y director puertorriqueño Fernando Cortés, para trabajar en el Teatro Lírico de la Ciudad de México (en la calle de Cuba 46). Su belleza y sensualidad para bailar le fueron ganando adeptos, para incursionar en un género muy popular en México conocido como el “Cine de rumberas”; mismo que venía ganando adeptos desde 1930, cuando Maruja Griffel aparece como la primera en bailar rumba en la película ¡Que viva México! de Sergei Eisenstein. Su debut cinematográfico fue en la cinta Carita de cielo (1946), con María Elena Marqués y Antonio Badú, y a partir de ese momento, Ninón se convirtió en artista exclusiva de Producciones Calderón. Tuvo ofertas de parte de estudios como Metro-Goldwyn-Mayer y Columbia Pictures, pero a Ninón no le interesaba trabajar en los Estados Unidos.

De la mano de grandes directores como Julio Bracho, Emilio “Indio” Fernández y Alberto Gout, logró una sólida carrera, que la llevó a ganar una Diosa de Plata en 1984 por la película Noche de Carnaval, de Mario Hernández. Con Gout filmó la trilogía integrada por Aventurera, Sensualidad (ambas de 1950) y No niego mi pasado (1951), siendo la primera la que logró ganar el honor de ser la obra cumbre del llamado “Cine de rumberas”, aunque no en una primera instancia, sino hasta que fue revalorada por la crítica francesa tiempo después de su estreno en México, cuando ella ya estaba semi-retirada del los sets cinematográficos, ya para finales de los años sesenta, justo cuando el “Cine de rumberas” estaba en declive.

Para Alfredo C. Villeda, “Elena Tejero es la joven Manon Lescaut de la novela homónima de Abbé Prévost; es la inocente enamorada Marguerite Gautier de La dama de las camelias, de Alexandre Dumas hijo; es la explotada Naná de Émile Zola, si bien ésta ya tiene entonces su versión mexicana con Santa, novelada por Federico Gamboa; el de Ninón es una combinación de estos personajes adaptado a los cabarets mexicanos de la época”(*). Y en realidad, la película Aventurera ha sido tan grandiosa que ha dado para una de las más exitosas obras de teatro de la época moderna.

Además, en las películas Mulata (1954) de Gilberto Martínez Solares y Yambaó (1956) de Alfredo B. Crevenna, fueron las primeras producciones del cine mexicano en incluir argumentos basados en la Santería y otras tradiciones y elementos de la cultura afrocubana.
Ninón Sevilla, quien en 1952, en un concurso realizado en Francia, ganó el nombramiento de las piernas más hermosas del cine, por encima de Marlene Dietrich y Ginger Rogers, se acercó al arte de la seducción como pocas mujeres en la pantalla grande, y fue sin duda una figura emblemática del cine mexicano, motivo por el cual se le entregó la Diosa de Plata por segunda ocasión en 2009, esta vez por su trayectoria cinematográfica.

Por su parte, Anita Ekberg, una magnífica rubia europea, de gran belleza y porte; nacida en Malmó, Escania, Suecia, el 29 de septiembre de 1931, le bastó una frase: “Marcello, come here”, para meterse en la historia del cine (como los toreros artistas, que con una sola faena ganan la eternidad). Y es que la escena de La fontana di Trevi de La Dolce Vita (1960) de Federico Fellini, al lado de Marcello Mastroiani, es una postal toral en la iconografía del cine de todos los tiempos.

Kerstin Anita Marianne Ekberg, en 1950 participó en el concurso Miss Malmó, motivada por su madre, mismo que la llevó a representar a Suecia en Miss Universo, el cual tan sólo por ser una de las seis finalistas le hizo merecedora de un contrato Starlette (aspirante a estrella de cine) con Universal Studios, como era en esos tiempos. En realidad, no se dedicó de lleno a las lecciones de drama, dicción, baile, equitación y esgrima que le ofrecían ni a perseguir, por ende, papeles grandes, y fue más conocida por su impresionante belleza y por sus romances con Frank Sinatra, Tyrone Power, Yul Brynner, Rod Taylor y Errol Flynn. De tal modo que en realidad fue una pin-up, de los años cincuenta, apareciendo en la revista Playboy, entre otras. Para mediados de esa década gracias a los trabajos de modelaje incursiona ahora sí en la industria del cine.

Muy poca fue la trascendencia que tuvo Anita, antes de la súbita irrupción al parnaso cinematográfico al que la llevó Fellini interpretando a Sylvia en la ya mencionada La dolce vita. Ya con la fama adquirida, Fellini vuelve a llamarla para el episodio Le tentazioni del dottor Antonnio, que él mismo dirige en la película Boccaccio 70 (1962), basada en una idea de Cesare Zavattini y dirigida, aparte del propio Fellini, por Mario Monicelli, Luchino Visconti y Vittorio de Sica, tratando cada quien –evocando el estilo del autor clásico italiano Boccaccio– el tema de la moralidad y el amor en los tiempos modernos. Recurriendo a su trascendencia de modelo, Anita queda perfecta en el papel de la mujer del cartel que inquieta al moralista doctor Antonio Mazzuolo (Peppino De Filippo), quien la encarna en sus fantasías sexuales. Una enorme y descalza Anita Ekberg, se levanta de su diván donde anuncia una nutritiva leche (como la que le pide Sylvia a Marcello a altas horas de la noche para alimentar a un pequeño gato, en La dolce Vita) acosa la tranquilidad moralista del doctor Mazzuolo.

Después del efecto Fellini en su carrera, estuvo a punto de interpretar a la primera “Chica Bond”, Honey Ryder en el Dr. No (1962), de Terence Young e interpretada por Sean Connery y Ursula Andress, pero esta última fue finalmente la seleccionada para el papel. Después de ello, coprotagonizó con Andress, Frank Sinatra y Dean Martin en la comedia western Cuatro tíos de Texas (1963). Fellini la llamaría para dos películas más: I clowns (1972) e Intervista (1987) de Robert Aldrich, en donde se interpretó a sí misma en una escena que la reunió con Mastroianni.

Si bien es cierto que no tuvo una carrera muy fructífera, necesitaba tan sólo de un gran director, que con un toque de genialidad, la inmortalizara como un pintor en un lienzo. Respecto a la muy famosa escena, en un programa de radio sueco en 2005, Ekberg recordó el rodaje en la Fontana di Trevi: Dijo que la filmaron en febrero, “…el agua estaba muy fría y Mastroianni, borracho de vodka, no podía mantenerse en pie.”
– Y ahí estaba yo, me estaba congelando. Tuvieron que sacarme del agua porque no sentía mis piernas –, dijo.
– He visto esa escena algunas veces. Demasiadas, tal vez. Ahora no puedo soportar el verla, pero era hermosa –, mencionó por último el símbolo sexual de las décadas de 1950 y 60.

Ninón y Anita, Elena y Sylvia: dos rubias que se merecen el honor de ser llamadas musas. Una con una carrera más fructífera que la otra, pero ambas instaladas en la inmortalidad del séptimo arte, que dejaron de existir apenas iniciado el año. Ninón Sevilla el primero de enero y Anita Ekberg el 11 de enero. Diez años de diferencia entre sus películas más emblemáticas (Aventurera en 1950 y La dolce vita en 1960) y diez días de diferencia entre sus muertes.

(*) http://www.milenio.com/firmas/alfredo_c-_villeda/Ninon-Sevilla_18_439336063.html

Regresar